"Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate."
Cerrando Círculos - Paulo Coelho
26 noviembre, 2013
13 noviembre, 2013
Tan simple como eso
La cotidianidad con la que
vivimos, hace que le restemos importancia a cosas que ya nos son tan comunes,
tan básicas, tan de todos los días, o todos los años. Hace que no le
prestemos atención a pequeños detalles, a pequeñas personas, frases, palabras. Sólo
el día en que esa persona, palabra, frase, cartel, casa, deja de estar dentro
de nuestra cotidianidad es que nos damos cuenta de que... nos hace falta, no estamos completos sin ella.
A veces pienso si es que extraño
sólo las palabras, o será su voz, o el tono inconfundible en que me lo decía,
la mirada que acompañaba, el beso o su sonido. Y no logro identificar qué parte
de todo es, o si en realidad en este caso es un todo. Probablemente así sea. Y
qué insignificante, poco memorable, normal me parecía cada vez que llegaba ese
día y al despertarnos y encontrarnos (generalmente en la cocina) él me decía
esas palabras. Y ahora que no las dice más, me parece tan importante. Lo
necesito tanto. Lo extraño tanto. Me desgarra el corazón.Y lo único que puedo
pensar es en que, ya nunca lo tendré. Y lo peor, es que sé que me queda la vida
entera e incontables días en que pensaré exactamente lo mismo.
Algunas cosas, se recuerdan con
tristeza. Pero, lo lindo es, cuando recordamos algunas de otras cosas con alegría. Una
alegría extraña, llena de melancolía. Como ayer, que mientras mi hermana
limpiaba la mesa para apoyar su compu, yo traía la mía y le corría
las cosas a "su lado" de la mesa. Hasta que me mira y me dice, sos
una viva bárbara, yo corro todo para poner la compu y vos me ponés más cosas
acá arriba. No pude evitar tentarme de la risa y decir: como hacía papá, y
relatarles esto que hacía mi viejo: terminaba de comer, juntaba sus miguitas y
las empujaba hacia algún otro lugar de la mesa (el de alguien más). Aunque el
otro estuviera comiendo... o también intentando limpiar SU lado de la mesa.
Esos momentos son momentos encontrados, donde me río de algo que era cotidiano,
lo hacía SIEMPRE, y cada tanto lo retábamos, pero era normal, e insignificante.
Creo que es un detalle que no había recordado desde que se fue. Pero ayer lo
recordé, recuperé un pedacito de cotidianidad y lo volví risa. Eso es lo
lindo de recordar, y creo que es lo lindo que todos deberíamos intentar.
Recordar con alegría.
Lo malo de aquellos que se van
para no volver, es que ya nunca los volveremos a tener, eso es lo triste, la
necesidad de tenerlos, quererlos, abrazarlos, mirarlos y no poder. Pero al
menos nos deja con lo que ya tenemos, para recuperarlo, para revivirlo, para
reírlo, para disfrutarlo... sin posibilidad de arruinarlo porque ya pasó, ya
está, es como es, no hay forma de cambiarlo. Lo malo de aquellos que se van,
pero cuando quieren vuelven... es que tienen chance de arruinarlo todo. Y creo
entonces que prefiero que los que se van y pueden volver, no vuelvan. Y creo
entonces que prefiero que los que se van y no pueden volver, queden siempre
guardados en mí, con su mejor sonrisa, con su mejor abrazo, su mejor mirada, su
mejor frase, sus mañas, y el mejor recuerdo.
Qué bueno sería, darnos cuenta
de que lo que más felices puede hacernos, son esas cotidianidades, es tan
simple y tan fácil! ¿Podemos empezar a rescatarlas hoy? ¿Podemos empezar a
valorarlas hoy? ¿Podemos convertirlas en sonrisas desde hoy ¿Podés llegar a tu
casa y abrazar a la persona que te recibe todos los días? ¿Podés guardar cada
hola, cada feliz cumple, cada beso, cada abrazo, cada sonrisa, que te dedica
cada persona que te quiere? Son cosas invalorables, son tesoros, son alegrías,
son cosas únicas.
Es felicidad. Tan simple como eso.
02 septiembre, 2013
La buena noticia fuiste vos
"La buena noticia sos vos, sos vos",
pensaba. Se mezclaba esa frase, una imagen, y el hermoso recuerdo de unos
labios esperados, que llegaron inesperadamente. Después, creí decir en voz alta
y al mismo tiempo que la siguiente canción "Y
que toda el alma se disuelva en el amor ". De repente me di cuenta, estaba acostada... entre medio de estar
soñando un imposible, que era hoy un nuevo recuerdo, que me inundaba de
emociones el corazón y me desbordaba el alma de sentimientos, y la realidad.
Así de intenso, así de fuerte, como a mi me gusta. Así de incontenible,
incontrolable, así de inaguantable, así de rebasador. Así como siempre describo
lo que quiero y necesito que me pase por dentro. Así como quiero que se me
mueva la vida, así de único, así de incomparable, que ponga la vara allá arriba,
casi inalcanzable. Aunque sea por un instante, un segundo, un día... Pero que
sea el momento más feliz hasta el siguiente momento más feliz.
No me importa que crean que el
amor no existe. No, no me importa que me lastimen, que me engañen, que me
demuestren que las cosas no son como yo creo que son. No, no voy a dejar de
amar cada cosa, cada persona, cada instante de mi vida. No, no voy a dejar de
tener esperanzas. No, no voy a dejar de querer sentir cada fibra de mi ser
con la intensidad del último segundo, ni cada sentimiento, ni cada beso,
sonrisa, persona o caricia. NO, NO EXAGERO.
Sí, me pasa que yo tengo esa
forma ilusa de ver algunas cosas.
A mi me gusta la intensidad, el
amor loco, ese en el que te morís por el otro, que te ves y te tenés que
abrazar, no hacerlo no es una opción porque las ganas te brotan de
adentro, que las ganas de ver al otro te matan, te genera ansiedad, y la espera
es eterna. Esa sensación de felicidad extrema cuando te dan un beso, te
abrazan, te acarician. Hablarnos y ver ese brillo en la mirada del otro, que no
solemos tener todos los días, sentir el alma de la otra persona en cada abrazo. Sonreírnos incontrolablemente.
13 agosto, 2013
"Voy a contar de menos, voy a dar de más"
No todo lo
que brilla es oro, innegable.
Creo que por prejuzgar tanto
(para bien o para mal) a veces es que vivimos de decepción en decepción, o de
sorpresa en sorpresa. Cuántas lindas sorpresas me he llevado últimamente,
es que algo tan opaco que pude haberme encontrado me regaló al fin tanta luz.
Cuán pocas tristezas o desilusiones he tenido por creer que algo que brillaba y
me encandilaba me haría tan feliz, pero simplemente me encandilaba y no me
dejaba ver más allá.
Un rasgo humano que necesito aprender
urgentemente, y que a la vez me parece tan detestable en algunos es el EGOISMO.
Pero al fin y al cabo, por supervivencia uno tiene que ser egoísta, fijarse en
uno mismo, en SU bienestar. Es verdad que si uno no está bien consigo mismo es
difícil que pueda estar bien con el mundo que lo rodea.. así que sí, lo primero
es asegurarse de que uno está bien, preocuparse por sus propios problemas, dolores,
tristezas, heridas, o roturas. Y después vemos, si tenemos suficiente energía
para salir al rescate de alguien más.
A veces me pongo a pensar en sí, yo también habré sido tan egoísta alguna vez como para no escuchar NADA de alguien más, y agotarle las energías concentrándome sólo en mi... Puede ser que alguna vez lo haya hecho, soy bastante egocéntrica (muchas) veces, pero deben haber sido contadas con los dedos de una mano las veces en las que hice oídos sordos; ya que en mis últimos 365 días me pregunté más de una vez: ¿Y a mí quién me ayuda?
Resulta que hace algunos meses
empecé a ir a la psicóloga, que me viene ayudando bastante. Hablo miles de
palabras por segundo, probablemente la mayoría de las veces híper incoherente,
contradiciéndome, nombrando 50 personas por minuto y saltando de tema en tema
como hago normalmente, y ella sigue cada una de las cosas que le dije; y no
sólo eso; las toma, las procesa, las interpreta y me da una devolución que
oportunamente hace que llegue el agua que a veces no me llega al tanque y
piense y actúe en base a ese nuevo descubrimiento o lucidez repentina. Y ella,
creo que desde el primer día me dice que siempre pongo a los demás por
delante.. ¿Por qué? Si tengo el mismo derecho que cualquier otra persona sobre
la faz de la tierra a estar mal, a llorar, a tener preocupaciones, a no querer
ir a un lugar, a no querer ver a alguien, a no tener ganas de soportar alguna
estupidez, a no callarme, a decir lo que pienso, lo que quiero y lo que no, etc
etc etc. Y es cierto, pensé que lo hacía sólo en algunos ámbitos de mi vida. Y
me di cuenta de que no, lo hago SIEMPRE. Y qué grave error!
Por qué tengo que escucharte yo
a vos, y ayudarte, y darte tanto, y que te quedes con tanto de mi, para encima
irte y dejarme preguntando dos cosas (con insatisfacientes respuestas):
¿Yo con qué me quedo? ¿Y a mí quién me ayuda? Triste es darse cuenta de que uno
siempre da todo, lo mejor, pero que todo y lo mejor muchas veces y probablemente
se agote. Porque todo tiene un límite.. Y que feo es quedarse seco, con
sensación de que no hay más nada para dar y que uno ya no debería dar tanto.
Pero no, el error no es dar, es dar por demás, es dar sin recibir. Sí, ya sé,
se supone que damos porque damos, porque nos sale así, porque queremos, sin
obligación alguna, sin esperar nada a cambio. PERO ES MENTIRA. Uno siempre da,
esperando que del otro lado o de algún otro lado alguna vez el universo
conspire para devolvernos ALGO. Un amigo mío, a quien admiro secretamente, dice
que eso del Karma no existe... Yo creo que sí, pero quizás empiezo a darme
cuenta de que esa devolución no siempre viene sola, sino que uno tiene que
reclamar lo que le corresponde y si no le dan nada será que los demás son demasiado
egoístas para devolverte al menos un poco, o será que no se dan cuenta de lo
que nos corresponde. Y allá ellos, será su pérdida por no devolver nada, en
algún momento dejarán de recibir todo.
Me cansé de silenciar, de que me
de igual, me cansé de ayudar, de escuchar, de esperar. Me cansé de dar por
demás a la gente que no lo valora de la manera que yo necesito. Me cansé de la
desigualdad. Me cansé. Simplemente me cansé. Me gustaba mucho la frase
"voy a contar de menos, voy a dar demás". Será mi esencia, pero es
hora de hacerme un favor a mí... Probablemente siga dando de más, pero ya no
contando de menos.
Seamos más egoístas cuándo lo necesitemos, pero no
dejemos de mirar a los costados. No sólo vos estás roto, todos estamos rotos,
yo también.
25 julio, 2013
Risas. Sonrisas. Amor y Perdón.
Tantas cosas debería haber hecho
para no sentirme así hoy. Tantas cosas tendría que haber dicho para no sentir
que me ahogo. A veces es inevitable el vómito de palabras, el desborde de
sentimientos, la necesidad de hablar, de decir, de hacer. Pero otras veces es
tan difícil. Me acuerdo que a veces cuando te iba a decir que te quiero, me daba esa
sensación de nervios y vergüenza por decírtelo. Sentía lo frágil y vulnerable
que quedaba ante vos, y así muchas veces evité decirte algo, mostrarte algo,
darte algo. Pero que estupidez, qué te importaba a vos que yo quedara
vulnerable.
Me acuerdo de ese
día que volvíamos a casa por Juan B. Justo... vos manejabas, andá a saber
de qué hablábamos... nuestras charlas eran más lindas últimamente, y te lo
dije, te dije que te quiero, te sonreíste, y no me miraste ni por un segundo,
seguiste manejando. Y te dije con mi tono de nena caprichosa e indignada entre
medio de unas sonrisas: - Te dije que te quiero, decime que me querés! Te reíste
y me contestaste con un rotundo no, te volviste a sonreír inmediatamente
después. Y te contesté riéndome: te estoy rogando que me digas que me
querés y no me lo vas a decir? Te volviste a reír sin mirarme, y esta no era
una risa o sonrisa de esas falsas que ponías para las fotos (salías en todas
igual), era genuina. Y creo que hace poco me di cuenta de que siempre me sonreías
genuinamente a mi. Me volviste a decir que no. Pero esa sonrisa que
tenías era de felicidad, porque te dije lo que ya sabías, no? Que te quiero.
Era de alegría y de complicidad, para molestarme porque no me ibas a
decir te quiero nunca, pero los dos sabíamos. Me costaba, pero a veces lo
intentaba. Creo que ahora sé que vos también lo intentabas, pero a tu manera.
Y ahora, me
pregunto infinidad de cosas. Empezando por saber cómo te desahogás con alguien
que ya no está? ¿Cómo le expresás todo lo que te quedó adentro? ¿Cómo le
mostrás que lo extrañás, que lo necesitás? ¿Cómo sentís ese abrazo que ya no
te pueden dar? ¿Cómo evitás el miedo, la tristeza y la melancolía de algún día
olvidarte de su rostro, de su aroma, de su voz, de su sonrisa, su mirada?
¿Algún día tendré respuesta para todas las preguntas que me hago, cada día,
desde antes de que te fueras? ¿Algún día nos encontraremos? Allá arriba, acá,
donde sea...
Lo más
lindo que alguien me dijo
sobre nosotros, es que nos habíamos perdonado. Sin
pedirnos perdón, sin decirnos te perdoné. Esa mirada tan triste que tenías, en la que yo veía una profundidad que nunca antes vi... Será que supiste
antes que nosotros todo lo que iba a pasar? No importa... Me regalaste algo tan
lindo, cada vez que yo llegaba, tu mirada se iluminaba, TANTO. Creo que fue la
primera vez que sentí o me di cuenta de que alguien me miraba con amor, y qué
lindo tu amor viejo! Tan cálido, pero tan tarde... Tan tarde me di cuenta de
todo lo que nos queríamos.
A veces, supongo, no hace falta decir tanto... Pero sí, pararnos en los pequeños detalles, que son de los más lindos. Perdón por nunca decirte que te amo. Perdón por nopoder querer dejarte ir. Perdón por no parar antes.
A veces, supongo, no hace falta decir tanto... Pero sí, pararnos en los pequeños detalles, que son de los más lindos. Perdón por nunca decirte que te amo. Perdón por no
16 julio, 2013
El verbo de hoy es afrontar
Algunas
etapas en nuestras vidas, a veces
necesitan una especie de cierre, me gusta más la palabra en inglés “Closure”.
Un cierre generalmente, para mí, es un hecho, acción, situación que necesita
suceder o debemos afrontar para poder… justamente cerrarlo, según el diccionario podría significar también una conclusión. Me gustaría poder decir que darle cierre a algo significa “dejarlo atrás”, pero
me convenzo día a día de que no necesariamente quedará atrás. Tal vez logre
quedar pasivamente a un costado, nos abra paso y nos suelte para ser un poco
más libres que ayer.
Es difícil a
veces saber cómo debemos enfrentar, darnos cuenta de la manera. No sé si tiene
que ver un poco con la aceptación… ésta quizás se relaciona más con una especie de obstáculo que se nos presenta o dificultad, cosas que no nos dejan movernos,
que a veces paralizan o asustan, nos ata de pies y manos. Y que en algún
momento deberemos traer al frente y aceptar, por nuestro propio bien. Por nuestra
sanidad mental, física y/o espiritual.
En cambio
darle a algo un cierre se siente más como una necesidad moral, casi un llamado
natural. Algo que nos hará bien, o no, y también ayudará a otros a moverse en
la dirección correcta, o bien al menos les moverá un tacho de sentimientos. Afrontar y
dar cierre, es sincerarse. Sincerarse con uno mismo, y decirle o mostrarle la
verdad al mundo.
La verdad es
tan importante, y tiene tanto poder. Quizás porque yo creo haber estado rodeada de muchas
mentiras, durante un largo tiempo es que la considero tan importante, aunque no
siempre le soy leal a mis ideales. Tantas mentiras y cosas ocultas que aprendí
a omitir, a no darle importancia. No decirlas y a ocultarlas yo también. Pero
al fin y al cabo, la verdad es siempre lo más sano. Lo mejor que podemos darle
a alguien más. Sobre todo si es bien intencionada. La verdad, puede ser tan
dolorosa…. Pero es como ese golpe inevitable, que te puede doler y hacerte
reír, o derrocarte y dejarte tirado un rato. Pero seguro te enseña algo, te
deja algo… Afrontar puede significar cerrar una etapa, ser una despedida, convertirse en un final. Afrontar
es un gran verbo. Seguro también significa un nuevo comienzo.
08 julio, 2013
Aceptación
Dicen que aceptar nuestros
problemas es el primer paso para superarlos. Nunca noté lo cierto que esto
podía ser.. Ni todo el trabajo que vendría detrás de la aceptación de los
problemas o inconvenientes que tenemos. Pero cuidado, no siempre son problemas los que tenemos
que aceptar para superar... a veces tenemos que aceptar cosas que nos pasan
para poder avanzar, ver con más claridad, saber un poco para dónde correr,
decidir tomar otras decisiones, otros caminos, encontrar soluciones en vez de
problemas.
La
primera vez que acepté un gran problema e intenté hacer algo al respecto... fue
difícil. Fue un año entero de pensar, saber en mi interior que estaba mal lo
que estaba pasando, pero no tener el suficiente valor para aceptarlo y hacer
algo al respecto;fue... aterrador. Era difícil saber que el mundo lo veía,
tener la sensación esa de que algo te abruma, te consume, pero no querer
soltarlo por miedo. Un día, conocí una persona que me dijo, entre otras cosas,
dos cosas muy importantes para mi: primero, habiéndome conocido ese mismo día
me contó un "secreto" muy personal, y seguidamente me dijo: este es
mi regalo para vos... regalarte algo tan mío que no le cuento a todo el mundo
(de hecho la persona por la cual lo conocí lo conocía hacía meses, y no sabía
aún lo que acababa de enterarme). Seguidamente me dijo que, fracasar no
significaba nada, que si "fracasaba", qué me importaba? Podía
aprender, levantarme y seguir, pero saber que lo intenté. Y que la gente que
era infeliz, era la gente que nunca en su vida se animó a nada, que nunca se
animó a hacer lo que realmente quería. Y que ESO era fracasar. Y como le dije
hace muy poquito a un amigo, y como me dijo una amiga también a mi hace poco,
qué lindo que es conocer gente que te deja ALGO, aunque esa persona sólo sea pasajera y luego desaparezca. Probablemente en mi vida vuelva a ver a la
persona que me dijo estas palabras, pero nunca me voy a olvidar de lo que me
dijo, de lo que me hizo ver, del poder que tuvieron sus palabras y el efecto
que causó en mi. El poder que tuvieron esas palabras me hizo querer revertir la
situación en la que me encontraba, me hizo tomar el valor suficiente para
decir: basta, no es lo que quiero, no estoy siendo feliz, no tengo ganas de
esto, no puedo soportarlo, quiero ir por más. Ese fue mi primer paso, terminar
de aceptar, y animarme a saltar ese abismo entre aceptar y ser pasivo, y hacer
algo al respecto.
Si
pensaba que aceptarlo era difícil, tomar el empujón para llegar más alto y de
hecho saltar, era aún más difícil, pero por suerte me llevó menos tiempo del que creí (fue como un mes, que
para una persona tan ansiosa y desesperada por hacer como yo, es bastante)...
El resultado fue, la sensación de alivio más grande que sentí en mi vida.
Sentir que perdía un peso de encima, sentir que de repente podía volver a
respirar, que tenía otra oportunidad. A la vez, era triste, empezar a
desprenderse de esas cosas que crees únicas, incomparables, irrepetibles... Y
seguramente sean todas esas cosas. Pero dicen que cuando se cierra una puerta
se abre otra, o se abren ventanas... Aparecen nuevos caminos. Y no, no voy a
encontrar algo igual, tampoco sé si mejor. Pero encontraré otra experiencia
única. Porque todo, todos, somos irrepetibles, incomparables.
Creo que
aceptar tiene que ver con la posibilidad de querer avanzar. Siempre dependiendo de poder ver, sentir, y escuchar más allá
de las palabras de alguien más. Porque creo que siempre tiene que ver con lo que
alguien te puede decir, pero no sé necesariamente si es quién te lo dice o qué te dice.. si no
que te lo dicen en el momento menos esperado, probablemente sea la persona menos esperada y tu
mente está tan poco preparada para escucharlo de esa persona, que no tuvo
tiempo de cerrarse y bloquearlo, por suerte! Quizás es una forma inconsciente en
realidad,de dejarlo entrar.
Hace
poco, acepté muchas cosas, muchas sombras que había en mi interior. Y una vez
más, fueron las palabras de la persona más inesperada, que me hicieron ver lo
equivocada que estaba y por qué lo estaba. Y empecé a aceptar, que quizás yo
tenga la culpa, pero no toda. Este proceso de aceptación también fue largo, pero es el principio del fin, ya estoy actuando, y ya empiezo a sentir, esa liviandad en mi
alma. Con esa melancolía de sentir que empiezo a soltar, lo que no quiero dejar
ir.
Qué problema tenemos las personas con el apego, el arraigo, y la intensidad con la que siente nuestro corazón.
17 junio, 2013
Haz lo que yo digo, no lo que yo hago.
Por qué será que,
cuando se trata de alguien más, siempre sabemos qué es lo que debería hacer,
decir, cómo debería enfrentar determinadas situaciones, personas, qué actitud
debería tomar ante la vida, cómo debería ser la relación con su pareja, con su
ex, con sus hijos, hermanos o padres. Podemos llegar a tener las palabras más adecuadas,
de ser necesitadas. Pero cuando se trata de nosotros mismos, aplicaría mejor el
famoso dicho "haz lo que yo digo, no lo que yo hago".
Yo vivo hablando de decir siempre la verdad, vivo diciéndole al mundo que hay que expresarse, hacer lo que uno quiere porque la vida es una sola y hay que aprovecharla para ser feliz mientras dure. Vivo predicando el decirle a nuestros seres queridos cuanto los queremos, cuanto los amamos, necesitamos, extrañamos. Sin miedo a nada y sin vergüenza, porque al fin y al cabo que más lindo que expresar cariño?!
Aún así, de vez en cuando, me encuentro en determinadas situaciones en las que me doy cuenta de que todo lo que siempre odié de mi familia y del mundo en general, porque para mí es inentendible, y es lo que estoy siendo! Y como dice una canción de una banda que conocí hace poco: me sentía especial, no me veía como uno más, pero lo fui lo mismo. Es inentendible para mí no decir las cosas, no expresarse, no liberar todo lo que uno tiene dentro! Cuando tenés cosas adentro, cuando querés a alguien, cuando estás feliz o emocionado, o cuando estás triste... cómo meterlo adentro y no largarlo? Y qué bronca no largarlo!
Por qué me cuesta tanto decir todo lo que tengo para decir? Siempre creí que hablando, largando todo, llorando todo lo que hay que llorar y riendo todo lo que hay que reír el alma se liberaría. Pero no me sale ni media lágrima, quizás porque en el fondo siento que no puedo mostrarme, y mucho menos ser, débil.
Por qué me cuesta tanto abrir la boca para gritarle a mi vieja, a mi hermana, mi hermano y mis sobrinos: LOS AMO con el alma entera y cada pedacito de mi ser! Pero me sale abrazarlos, y gritarles por otras cosas, quizás sea que me da vergüenza mostrarme tan vulnerable.
Por qué casi ni puedo mirar a los ojos, abrazar, acercarme y decirle a ese pibe que me gusta, que me encanta! Quizás sea por mi miedo al rechazo, las heridas que quedan de un bajo autoestima.
Y así, podría seguir con varios ejemplos más (cerca de mil). Pero en cada caso, llego a la misma conclusión o a la misma pregunta: qué es lo peor que podría pasar? Siempre me respondo lo mismo: que lo peor NUNCA es tan grave. Y cuando me pregunto lo contrario: qué es lo mejor que podría pasar? Me encuentro con un mundo de posibilidades sensorialmente espectaculares. Imaginate:
La sensación de sacarte un peso de encima, de poder respirar y sentir que tu alma está un poco más afuera, menos presa, más libre. Escuchar un te quiero o un te amo de las personas que más te importan en el mundo, recibir un cálido, sincero, sentido reconfortante y contenedor abrazo, sacarle una sonrisa a alguien más o una lágrima de emoción. Que ese alguien especial te diga: a mí también me gustas, o mejor aún que te de uno de esos besos de película, que no se dan y mucho menos se sienten a menudo... Prácticamente mágicos, que frenan el mundo entero, los sonidos, la gente, el movimiento, el tiempo... Irónicamente durante segundos.
Por qué tanto miedo? Puta! Si se supone que siempre hay cosas buenas y cada vez mejores por llegar! Si se supone que si algo no se da, por algo no se dio y porque en el camino nos espera otra cosa, un poco más adelante y con más paciencia... Pero será que quizás, si no nos animamos y no damos esos saltitos, no llegamos a lo que está más adelante? Me agota vivir así. Me frustra. Me hace sentir que vivo una vida aburrida. Me doy bronca!! Quiero expresarme y vivir al 100%, sin miedo a nada, sin temor! Y sin rumbo fijo, por qué no? Lo peor que me puede pasar…, qué me importa! Lo peor será al fin y al cabo, siempre lo mejor.
Empezaré de lo más sencillo a lo más difícil, pero voy a sacar de adentro las ganas enormes, tremendas, escalofriantes, agudas, incontenibles y hasta agobiantes que tengo dentro de vivir! Y creo que le haríamos un favor enoooorme al mundo, si todos intentáramos al menos, lo mismo. Siempre y cuando si va a hacernos un poco más felices!
Yo vivo hablando de decir siempre la verdad, vivo diciéndole al mundo que hay que expresarse, hacer lo que uno quiere porque la vida es una sola y hay que aprovecharla para ser feliz mientras dure. Vivo predicando el decirle a nuestros seres queridos cuanto los queremos, cuanto los amamos, necesitamos, extrañamos. Sin miedo a nada y sin vergüenza, porque al fin y al cabo que más lindo que expresar cariño?!
Aún así, de vez en cuando, me encuentro en determinadas situaciones en las que me doy cuenta de que todo lo que siempre odié de mi familia y del mundo en general, porque para mí es inentendible, y es lo que estoy siendo! Y como dice una canción de una banda que conocí hace poco: me sentía especial, no me veía como uno más, pero lo fui lo mismo. Es inentendible para mí no decir las cosas, no expresarse, no liberar todo lo que uno tiene dentro! Cuando tenés cosas adentro, cuando querés a alguien, cuando estás feliz o emocionado, o cuando estás triste... cómo meterlo adentro y no largarlo? Y qué bronca no largarlo!
Por qué me cuesta tanto decir todo lo que tengo para decir? Siempre creí que hablando, largando todo, llorando todo lo que hay que llorar y riendo todo lo que hay que reír el alma se liberaría. Pero no me sale ni media lágrima, quizás porque en el fondo siento que no puedo mostrarme, y mucho menos ser, débil.
Por qué me cuesta tanto abrir la boca para gritarle a mi vieja, a mi hermana, mi hermano y mis sobrinos: LOS AMO con el alma entera y cada pedacito de mi ser! Pero me sale abrazarlos, y gritarles por otras cosas, quizás sea que me da vergüenza mostrarme tan vulnerable.
Por qué casi ni puedo mirar a los ojos, abrazar, acercarme y decirle a ese pibe que me gusta, que me encanta! Quizás sea por mi miedo al rechazo, las heridas que quedan de un bajo autoestima.
Y así, podría seguir con varios ejemplos más (cerca de mil). Pero en cada caso, llego a la misma conclusión o a la misma pregunta: qué es lo peor que podría pasar? Siempre me respondo lo mismo: que lo peor NUNCA es tan grave. Y cuando me pregunto lo contrario: qué es lo mejor que podría pasar? Me encuentro con un mundo de posibilidades sensorialmente espectaculares. Imaginate:
La sensación de sacarte un peso de encima, de poder respirar y sentir que tu alma está un poco más afuera, menos presa, más libre. Escuchar un te quiero o un te amo de las personas que más te importan en el mundo, recibir un cálido, sincero, sentido reconfortante y contenedor abrazo, sacarle una sonrisa a alguien más o una lágrima de emoción. Que ese alguien especial te diga: a mí también me gustas, o mejor aún que te de uno de esos besos de película, que no se dan y mucho menos se sienten a menudo... Prácticamente mágicos, que frenan el mundo entero, los sonidos, la gente, el movimiento, el tiempo... Irónicamente durante segundos.
Por qué tanto miedo? Puta! Si se supone que siempre hay cosas buenas y cada vez mejores por llegar! Si se supone que si algo no se da, por algo no se dio y porque en el camino nos espera otra cosa, un poco más adelante y con más paciencia... Pero será que quizás, si no nos animamos y no damos esos saltitos, no llegamos a lo que está más adelante? Me agota vivir así. Me frustra. Me hace sentir que vivo una vida aburrida. Me doy bronca!! Quiero expresarme y vivir al 100%, sin miedo a nada, sin temor! Y sin rumbo fijo, por qué no? Lo peor que me puede pasar…, qué me importa! Lo peor será al fin y al cabo, siempre lo mejor.
Empezaré de lo más sencillo a lo más difícil, pero voy a sacar de adentro las ganas enormes, tremendas, escalofriantes, agudas, incontenibles y hasta agobiantes que tengo dentro de vivir! Y creo que le haríamos un favor enoooorme al mundo, si todos intentáramos al menos, lo mismo. Siempre y cuando si va a hacernos un poco más felices!
Les cuento pronto,
ahora, me voy a vivir y a hacer lo que yo digo.
13 junio, 2013
Día del padre, lado B.
Siempre creí que los padres no
podían estar, bajo ningún punto de vista, preparados para la pérdida de un
hijo. Es biológicamente incorrecto, no debería suceder, no es lo lógico. Por
ende, es casi inentendible si sucede y una de las pocas cosas que si pasan, no
pasan. En cambio al revés, siempre supe que algún día iba a pasar.. Que algún
día, y siempre pensaba ojalá que falte un montón, uno de mis viejos se iba a ir,
y después el otro. Pero siempre también pensé que sería lo suficientemente
grande, que estaría preparada para que sucediera, que iba a ser fuerte y
valiente, que me iba a poder sostener de pie, que iba a ser “lo normal”;
obviamente me iba a doler, pero era la inevitable rueda de la vida, el
destino, lo biológicamente correcto, coherente, lógico, normal. Pero como
siempre, la vida te tiene sorpresas. No sólo no estaba preparada para vivir lo
que viví durante los 8 meses que mi viejo estuvo enfermo. Si no que no puedo
superar, a casi un año de su partida, el hecho de que ya no esté (y creo nunca superaré).
Lo peor de todo es que, viste
cuando compartís mucho tiempo con una persona como un amigo, o un novio o
novia, y después te peleás.. Y cada tanto pasás por algún lugar
y te acordás que ahí iban a comer, que por acá pasaban siempre, que en esa parada
de subte se dieron un beso que hizo que el mundo dejara de girar y te ponés un
poco meláncolico, recordás con un poco de tristeza y otro poco de alegría. Pero
de última, sabés que podrías mandar un mensaje, llamar, hablar, o
simplemente cruzarte con esa persona en algún lugar que se frecuente. Pero con
mi viejo es mucho peor. Lo recuerdo cada vez que me subo al auto y pienso: “al
final, tanto que hinché con el auto, ni siquiera lo vio” o “manejo bien, papá
estaría re orgulloso”. Lo recuerdo cada vez que entro a casa y miro para la habitación, automáticamente y primeramente a su lugar vacío en la cama (acostumbrada
a verlo en cama durante meses). Lo recuerdo cada vez que paso por Caballito
porque ahí me esperaba para traerme a casa después del trabajo. Lo recuerdo cada vez que subo a la Gral
Paz, porque me llevaba todas las mañanas cuando trabajaba en Belgrano para que
no tenga que viajar apretada en el tren. Lo recuerdo cada vez que me siento a la
mesa y alguien pide sal, acostumbrada a que mamá cocine sin sal por papá, y que
papá siempre le terminara agregando más sal que todos. Lo recuerdo cada vez que
pienso que debo la tesis, y lo mucho que le hubiera gustado verme recibida. Lo
recuerdo cada vez que creo que alguien me gusta y que quizás puede llegar a ser
la persona que quiero a mi lado, y ahí me pregunto si realmente esa persona me haría
feliz como yo quiero y necesito que me haga feliz (es que mi viejo una vez le
dijo a mi mamá que él quería verme feliz y entusiasmada por estar de novia con
alguien, que así era el amor, porque él vio antes que nadie cuando yo no estaba siendo feliz). Lo recuerdo cada vez que veo una mirada triste, porque fue
la mirada que sostuvo el último tiempo. Lo recuerdo cada vez que veo una mirada
llena de amor, porque es como él me miraba, y el recuerdo de su rostro
iluminado al verme cada vez que llegaba a casa es el recuerdo que más feliz me
hace desde hace tiempo. Lo recuerdo cada vez que digo que me quiero ir a vivir
a Córdoba, que es mi lugar favorito en el mundo, y es el lugar donde mi viejo
me llevó desde chiquita de vacaciones y donde el pasó tanto tiempo de su vida.
Y así, mil situaciones, ejemplos, pensamientos más.
Creo que lo recuerdo a cada
instante, lo pienso casi constantemente. Y es doloroso, porque ya no está. Y a
diferencia de alguna persona que por elección propia ya no está en nuestras
vidas, no puedo llamarlo, no puedo verlo, abrazarlo, decirle que lo quiero, que
lo extraño, que lo necesito, no puedo pedirle perdón por las cosas que hice
mal, ni contarle los logros de los que sé que estaría muy orgulloso.
No puedo sacarme el nudo de la
garganta. No lo puedo largar, tampoco lo puedo tragar. Está ahí, siempre
presente, a flor de piel. Con el llanto al roce del aire. Con la mirada perdida
en cada momento desocupado. Con mil palabras sin decir. Quizás debería dejar de
sentir culpa. Pero es difícil, casi tan difícil como pensar la vida que me
queda sin él. Casi más difícil que avanzar. Dicen que el tiempo cura todas las
heridas, que todo pasa, que siempre todo es para mejor. Siempre lo creí, creo
que aplica para la gran mayoría de las situaciones de la vida, REALMENTE LO
CREO, pero no para la muerte de alguien tan importante en nuestras vidas como
son nuestros viejos. ¿Cómo puede alguien creer que la pérdida de uno de tus
padres,..., que esa herida algún día se cerrará? Es imposible. A lo sumo, me
acostumbraré a que alguien me falte, y con ese alguien me falte de todo y me
sienta incompleta y con un dejo de tristeza. No lo veo como algo malo, es parte
de lo que digo siempre, de aprender, de crecer, de madurar, de la vida. Es la
rueda de la vida. Pero me pregunto lo que pregunté una vez cuando era chiquita: ¿por qué no podemos vivir eternamente sin que nadie se nos vaya y vivir felices
para siempre?
No todo se supera, no todo pasa.
Tal vez es que simplemente nos acostumbramos a vivir sin determinadas personas
a nuestro lado, nos quedamos generalmente con lo más lindo guardado en un
precioso pedazo de nuestro corazón, y a seguir la vida. Sé que es lo que le
gustaría, aunque no nos decía las cosas, estoy completamente
segura de que lo que más le hubiera gustado era vernos a todos juntos, y
felices.
Es difícil ser feliz sin vos,
pero no puedo no intentarlo. Eso es lo que te regalo. Pero lo que no podés
pedirme es que no te extrañe.
07 junio, 2013
Cambiar
La palabra cambiar significa, según el diccionario,
muchas cosas, pero en relación a las personas para mí sólo dos significados
podrían aplicarse:
1 Modificación de una cosa
para convertirla en algo distinto u opuesto.
2 Variación o alteración
de un estado por otro
Creo que casi diariamente utilizamos la palabra o el verbo “Cambiar”, para
referirnos a algún tipo de modificación que nosotros mismos estamos intentando
hacer sobre algún aspecto personal, físico, de ideales etc que no nos gusta, no
nos convence, nos hace mal, lle hace mal a alguien cercano etc o bien para referirnos a alguien más y
generalmente de modo negativo.
Este último año fue un año lleno de cambios en mi vida, quizás demasiados,
y que por ende y por lógica cambiaron cosas de mi persona. Pero es justo ahí,
donde me detengo a pensar y me pregunto si realmente la palabra cambio aplica
correctamente.
Que alguien se haya ido, que algunas personas hayan cambiado, haber
cambiado mi aspecto exterior, haberme separado de mi pareja, haber viajado al
interior para conseguir trabajo allí, haber incorporado nuevas y diferentes
personas a mi vida, haber recuperado antiguas amistades, son sólo cosas que
pasaron… causalidades, el destino, cómo
quieras llamarlo. Pero no sé si puedo llamarlos cambios. Sí, soy consciente de
que a raíz de todo esto rasgos de mi personalidad se fueron modificando, mi actitud
ante determinadas situaciones también es diferente a lo que hubiera sido un año
atrás, mi entusiasmo frente a las personas, maneras, hechos, también es
distinta, quizás más realista. Pero no sé si fueron cambios, creo que tienen
más que ver con un poco de maduración por un lado, un poco de realidad en mí y
no tanta ingenuidad.
Pero por algún motivo, insistimos en decir cosas como: “no, para seguir
juntos los dos tenemos que cambiar” o “ no, no nos hablamos más porque él o
ella cambió”, “no, no somos más amigos porque su actitud cambió”, “ya no nos entendemos, las cosas cambiaron”, etc
etc etc. Algo que supe desde chica es que constantemente estaríamos “cambiando”
porque constantemente crecemos, y nos pasan cosas que nos van enseñando todo lo
lindo y lo feo que puede haber en el camino. A algunos nos pasan muy temprano, a otros muy
tarde, a otros justo a tiempo. Y siempre supe que habría gente a mi lado que
podría entender y saber ver mi maduración, pero que no todos podrían
seguirme, soportarlo, y seguir a mi lado una vez que el proceso hubiera terminado
(al menos momentáneamente) y la más triste de todas las posibilidades es darme cuenta en medio de mi maduración que algunas personas ya no servían de nada en mi vida. Y a veces es lo que nos pasa, vamos perdiendo
personas que van quedando en otras “etapas”, te vas desfasando, porque no te
entendés más, aunque lo intentes. Otros intentan igual quedarse ahí porque no
les molesta estar divergidos, saben que en algún momento entenderán o intentar
acercarse a tus sentimientos e ir preparándose para sus propios y futuros momentos (creo que son las personas que solemos llamar observadores, de las más inteligentes que siempre me encuentro).
Pero qué difícil es crecer, madurar, cambiar. Lleva tiempo de ajustes, de
adaptación. Creo personalmente que más para la persona que lo sufre, que para aquellos que creen
sufrir alrededor de “un cambio” de alguien más.
Pero sin duda alguna, lo que más todos sufrimos creo,
es el momento de crisis. Crisis siempre tiene una connotación negativa, pero yo
siempre digo y repito algo que dijo mi profesor de Sociología en el secundario:
Crisis significa CAMBIO, y el cambio siempre es bueno. El problema es que
cuando estamos en crisis a veces no sabemos para dónde correr, por dónde
arrancar, qué solucionar primero, porque muchas veces ni siquiera entendemos
qué está pasando y cualquier tipo de situación o cambio, vemos al menos al principio como algo malo. Lo bueno es que a veces, la desesperación es tan grande que
dejamos de pensar, seguimos un impulso, una corazonada, y arrancamos con el pie
derecho a solucionar nuestra crisis, sin darnos cuenta, a empezar el cambio el crecimiento.
Madurar nos hace viejos, pero también más sabios. Sólo nos quedará aprender a
resguardar al menos un pedacito de pureza para no perder la esencia y sentir
correr por nuestras venas lo más lindo que existe: la vida.
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