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13 noviembre, 2013

Tan simple como eso

La cotidianidad con la que vivimos, hace que le restemos importancia a cosas que ya nos son tan comunes, tan básicas, tan de todos los días, o todos los años. Hace  que no le prestemos atención a pequeños detalles, a pequeñas personas, frases, palabras. Sólo el día en que esa persona, palabra, frase, cartel, casa, deja de estar dentro de nuestra cotidianidad es que nos damos cuenta de que... nos hace falta, no estamos completos sin ella.

A veces pienso si es que extraño sólo las palabras, o será su voz, o el tono inconfundible en que me lo decía, la mirada que acompañaba, el beso o su sonido. Y no logro identificar qué parte de todo es, o si en realidad en este caso es un todo. Probablemente así sea. Y qué insignificante, poco memorable, normal me parecía cada vez que llegaba ese día y al despertarnos y encontrarnos (generalmente en la cocina) él me decía esas palabras. Y ahora que no las dice más, me parece tan importante. Lo necesito tanto. Lo extraño tanto. Me desgarra el corazón.Y lo único que puedo pensar es en que, ya nunca lo tendré. Y lo peor, es que sé que me queda la vida entera e incontables días en que pensaré exactamente lo mismo.

Algunas cosas, se recuerdan con tristeza. Pero, lo lindo es, cuando recordamos algunas de otras cosas con alegría. Una alegría extraña, llena de melancolía. Como ayer, que mientras mi hermana limpiaba la mesa para apoyar su compu, yo traía la mía y le corría las cosas a "su lado" de la mesa. Hasta que me mira y me dice, sos una viva bárbara, yo corro todo para poner la compu y vos me ponés más cosas acá arriba. No pude evitar tentarme de la risa y decir: como hacía papá, y relatarles esto que hacía mi viejo: terminaba de comer, juntaba sus miguitas y las empujaba hacia algún otro lugar de la mesa (el de alguien más). Aunque el otro estuviera comiendo... o también intentando limpiar SU lado de la mesa. Esos momentos son momentos encontrados, donde me río de algo que era cotidiano, lo hacía SIEMPRE, y cada tanto lo retábamos, pero era normal, e insignificante. Creo que es un detalle que no había recordado desde que se fue. Pero ayer lo recordé, recuperé un pedacito de cotidianidad y lo volví risa. Eso es lo lindo de recordar, y creo que es lo lindo que todos deberíamos intentar. Recordar con alegría.

Lo malo de aquellos que se van para no volver, es que ya nunca los volveremos a tener, eso es lo triste, la necesidad de tenerlos, quererlos, abrazarlos, mirarlos y no poder. Pero al menos nos deja con lo que ya tenemos, para recuperarlo, para revivirlo, para reírlo, para disfrutarlo... sin posibilidad de arruinarlo porque ya pasó, ya está, es como es, no hay forma de cambiarlo. Lo malo de aquellos que se van, pero cuando quieren vuelven... es que tienen chance de arruinarlo todo. Y creo entonces que prefiero que los que se van y pueden volver, no vuelvan. Y creo entonces que prefiero que los que se van y no pueden volver, queden siempre guardados en mí, con su mejor sonrisa, con su mejor abrazo, su mejor mirada, su mejor frase, sus mañas, y el mejor recuerdo. 


Qué bueno sería, darnos cuenta de que lo que más felices puede hacernos, son esas cotidianidades, es tan simple y tan fácil! ¿Podemos empezar a rescatarlas hoy? ¿Podemos empezar a valorarlas hoy? ¿Podemos convertirlas en sonrisas desde hoy ¿Podés llegar a tu casa y abrazar a la persona que te recibe todos los días? ¿Podés guardar cada hola, cada feliz cumple, cada beso, cada abrazo, cada sonrisa, que te dedica cada persona que te quiere? Son cosas invalorables, son tesoros, son alegrías, son cosas únicas. 




Es felicidad. Tan simple como eso.

13 agosto, 2013

"Voy a contar de menos, voy a dar de más"

No todo lo que brilla es oro, innegable.

Creo que por prejuzgar tanto (para bien o para mal) a veces es que vivimos de decepción en decepción, o de sorpresa en sorpresa. Cuántas lindas sorpresas me he llevado últimamente, es que algo tan opaco que pude haberme encontrado me regaló al fin tanta luz. Cuán pocas tristezas o desilusiones he tenido por creer que algo que brillaba y me encandilaba me haría tan feliz, pero simplemente me encandilaba y no me dejaba ver más allá. 

Un rasgo humano que necesito aprender urgentemente, y que a la vez me parece tan detestable en algunos es el EGOISMO. Pero al fin y al cabo, por supervivencia uno tiene que ser egoísta, fijarse en uno mismo, en SU bienestar. Es verdad que si uno no está bien consigo mismo es difícil que pueda estar bien con el mundo que lo rodea.. así que sí, lo primero es asegurarse de que uno está bien, preocuparse por sus propios problemas, dolores, tristezas, heridas, o roturas. Y después vemos, si tenemos suficiente energía para salir al rescate de alguien más. 

A veces me pongo a pensar en sí, yo también habré sido tan egoísta alguna vez como para no escuchar NADA de alguien más, y agotarle las energías concentrándome sólo en mi... Puede ser que alguna vez lo haya hecho, soy bastante egocéntrica (muchas) veces, pero deben haber sido contadas con los dedos de una mano las veces en las que hice oídos sordos; ya que en mis últimos 365 días me pregunté más de una vez:  ¿Y a mí quién me ayuda?

Resulta que hace algunos meses empecé a ir a la psicóloga, que me viene ayudando bastante. Hablo miles de palabras por segundo, probablemente la mayoría de las veces híper incoherente, contradiciéndome, nombrando 50 personas por minuto y saltando de tema en tema como hago normalmente, y ella sigue cada una de las cosas que le dije; y no sólo eso; las toma, las procesa, las interpreta y me da una devolución que oportunamente hace que llegue el agua que a veces  no me llega al tanque y piense y actúe en base a ese nuevo descubrimiento o lucidez repentina. Y ella, creo que desde el primer día me dice que siempre pongo a los demás por delante.. ¿Por qué? Si tengo el mismo derecho que cualquier otra persona sobre la faz de la tierra a estar mal, a llorar, a tener preocupaciones, a no querer ir a un lugar, a no querer ver a alguien, a no tener ganas de soportar alguna estupidez, a no callarme, a decir lo que pienso, lo que quiero y lo que no, etc etc etc. Y es cierto, pensé que lo hacía sólo en algunos ámbitos de mi vida. Y me di cuenta de que no, lo hago SIEMPRE. Y qué grave error! 

Por qué tengo que escucharte yo a vos, y ayudarte, y darte tanto, y que te quedes con tanto de mi, para encima irte y dejarme preguntando dos cosas (con insatisfacientes respuestas): ¿Yo con qué me quedo? ¿Y a mí quién me ayuda? Triste es darse cuenta de que uno siempre da todo, lo mejor, pero que todo y lo mejor muchas veces y probablemente se agote. Porque todo tiene un límite.. Y que feo es quedarse seco, con sensación de que no hay más nada para dar y que uno ya no debería dar tanto. Pero no, el error no es dar, es dar por demás, es dar sin recibir. Sí, ya sé, se supone que damos porque damos, porque nos sale así, porque queremos, sin obligación alguna, sin esperar nada a cambio. PERO ES MENTIRA. Uno siempre da, esperando que del otro lado o de algún otro lado alguna vez el universo conspire para devolvernos ALGO. Un amigo mío, a quien admiro secretamente, dice que eso del Karma no existe... Yo creo que sí, pero quizás empiezo a darme cuenta de que esa devolución no siempre viene sola, sino que uno tiene que reclamar lo que le corresponde y si no le dan nada será que los demás son demasiado egoístas para devolverte al menos un poco, o será que no se dan cuenta de lo que nos corresponde. Y allá ellos, será su pérdida por no devolver nada, en algún momento dejarán de recibir todo.


Me cansé de silenciar, de que me de igual, me cansé de ayudar, de escuchar, de esperar. Me cansé de dar por demás a la gente que no lo valora de la manera que yo necesito. Me cansé de la desigualdad. Me cansé. Simplemente me cansé. Me gustaba mucho la frase "voy a contar de menos, voy a dar demás". Será mi esencia, pero es hora de hacerme un favor a mí... Probablemente siga dando de más, pero ya no contando de menos. 


Seamos más egoístas cuándo lo necesitemos, pero no dejemos de mirar a los costados. No sólo vos estás roto, todos estamos rotos, yo también.

13 junio, 2013

Día del padre, lado B.

Siempre creí que los padres no podían estar, bajo ningún punto de vista, preparados para la pérdida de un hijo. Es biológicamente incorrecto, no debería suceder, no es lo lógico. Por ende, es casi inentendible si sucede y una de las pocas cosas que si pasan, no pasan. En cambio al revés, siempre supe que algún día iba a pasar.. Que algún día, y siempre pensaba ojalá que falte un montón, uno de mis viejos se iba a ir, y después el otro. Pero siempre también pensé que sería lo suficientemente grande, que estaría preparada para que sucediera, que iba a ser fuerte y valiente, que me iba a poder sostener de pie, que iba a ser “lo normal”;  obviamente me iba a doler, pero era la inevitable rueda de la vida, el destino, lo biológicamente correcto, coherente, lógico, normal. Pero como siempre, la vida te tiene sorpresas. No sólo no estaba preparada para vivir lo que viví durante los 8 meses que mi viejo estuvo enfermo. Si no que no puedo superar, a casi un año de su partida, el hecho de que ya no esté (y creo nunca superaré).

Lo peor de todo es que, viste cuando compartís mucho tiempo con una persona como un amigo, o un novio o novia,  y después te peleás.. Y cada tanto pasás por algún lugar y te acordás que ahí iban a comer, que por acá pasaban siempre, que en esa parada de subte se dieron un beso que hizo que el mundo dejara de girar y te ponés un poco meláncolico, recordás con un poco de tristeza y otro poco de alegría. Pero de última, sabés que podrías mandar un mensaje, llamar, hablar, o simplemente cruzarte con esa persona en algún lugar que se frecuente. Pero con mi viejo es mucho peor. Lo recuerdo cada vez que me subo al auto y pienso: “al final, tanto que hinché con el auto, ni siquiera lo vio” o “manejo bien, papá estaría re orgulloso”. Lo recuerdo cada vez que entro a casa y miro para la habitación, automáticamente y primeramente a su lugar vacío en la cama (acostumbrada a verlo en cama durante meses). Lo recuerdo cada vez que paso por Caballito porque ahí me esperaba para traerme a casa después del trabajo. Lo recuerdo cada vez que subo a la Gral Paz, porque me llevaba todas las mañanas cuando trabajaba en Belgrano para que no tenga que viajar apretada en el tren. Lo recuerdo cada vez que me siento a la mesa y alguien pide sal, acostumbrada a que mamá cocine sin sal por papá, y que papá siempre le terminara agregando más sal que todos. Lo recuerdo cada vez que pienso que debo la tesis, y lo mucho que le hubiera gustado verme recibida. Lo recuerdo cada vez que creo que alguien me gusta y que quizás puede llegar a ser la persona que quiero a mi lado, y ahí me pregunto si realmente esa persona me haría feliz como yo quiero y necesito que me haga feliz (es que mi viejo una vez le dijo a mi mamá que él quería verme feliz y entusiasmada por estar de novia con alguien, que así era el amor, porque él vio antes que nadie cuando  yo no estaba siendo feliz). Lo recuerdo cada vez que veo una mirada triste, porque fue la mirada que sostuvo el último tiempo. Lo recuerdo cada vez que veo una mirada llena de amor, porque es como él me miraba, y el recuerdo de su rostro iluminado al verme cada vez que llegaba a casa es el recuerdo que más feliz me hace desde hace tiempo. Lo recuerdo cada vez que digo que me quiero ir a vivir a Córdoba, que es mi lugar favorito en el mundo, y es el lugar donde mi viejo me llevó desde chiquita de vacaciones y donde el pasó tanto tiempo de su vida. Y así, mil situaciones, ejemplos, pensamientos más.

Creo que lo recuerdo a cada instante, lo pienso casi constantemente. Y es doloroso, porque ya no está. Y a diferencia de alguna persona que por elección propia ya no está en nuestras vidas, no puedo llamarlo, no puedo verlo, abrazarlo, decirle que lo quiero, que lo extraño, que lo necesito, no puedo pedirle perdón por las cosas que hice mal, ni contarle los logros de los que sé que estaría muy orgulloso.

No puedo sacarme el nudo de la garganta. No lo puedo largar, tampoco lo puedo tragar. Está ahí, siempre presente, a flor de piel. Con el llanto al roce del aire. Con la mirada perdida en cada momento desocupado. Con mil palabras sin decir. Quizás debería dejar de sentir culpa. Pero es difícil, casi tan difícil como pensar la vida que me queda sin él. Casi más difícil que avanzar. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, que todo pasa, que siempre todo es para mejor. Siempre lo creí, creo que aplica para la gran mayoría de las situaciones de la vida, REALMENTE LO CREO, pero no para la muerte de alguien tan importante en nuestras vidas como son nuestros viejos. ¿Cómo puede alguien creer que la pérdida de uno de tus padres,..., que esa herida algún día se cerrará? Es imposible. A lo sumo, me acostumbraré a que alguien me falte, y con ese alguien me falte de todo y me sienta incompleta y con un dejo de tristeza. No lo veo como algo malo, es parte de lo que digo siempre, de aprender, de crecer, de madurar, de la vida. Es la rueda de la vida. Pero me pregunto lo que pregunté una vez cuando era chiquita: ¿por qué no podemos vivir eternamente sin que nadie se nos vaya y vivir felices para siempre?

No todo se supera, no todo pasa. Tal vez es que simplemente nos acostumbramos a vivir sin determinadas personas a nuestro lado, nos quedamos generalmente con lo más lindo guardado en un precioso pedazo de nuestro corazón, y a seguir la vida. Sé que es lo que le gustaría, aunque  no nos decía las cosas, estoy completamente segura de que lo que más le hubiera gustado era vernos a todos juntos, y felices. 


Es difícil ser feliz sin vos, pero no puedo no intentarlo. Eso es lo que te regalo. Pero lo que no podés pedirme es que no te extrañe. 


07 junio, 2013

Cambiar

La palabra cambiar significa, según el diccionario, muchas cosas, pero en relación a las personas para mí sólo dos significados podrían aplicarse:

1      Modificación de una cosa para convertirla en algo distinto u opuesto.
2      Variación o alteración de un estado por otro

Creo que casi diariamente utilizamos la palabra o el verbo “Cambiar”, para referirnos a algún tipo de modificación que nosotros mismos estamos intentando hacer sobre algún aspecto personal, físico, de ideales etc que no nos gusta, no nos convence, nos hace mal, lle hace mal a alguien cercano etc o bien para referirnos a alguien más y generalmente de modo negativo.

Este último año fue un año lleno de cambios en mi vida, quizás demasiados, y que por ende y por lógica cambiaron cosas de mi persona. Pero es justo ahí, donde me detengo a pensar y me pregunto si realmente la palabra cambio aplica correctamente.

Que alguien se haya ido, que algunas personas hayan cambiado, haber cambiado mi aspecto exterior, haberme separado de mi pareja, haber viajado al interior para conseguir trabajo allí, haber incorporado nuevas y diferentes personas a mi vida, haber recuperado antiguas amistades, son sólo cosas que pasaron…  causalidades, el destino, cómo quieras llamarlo. Pero no sé si puedo llamarlos cambios. Sí, soy consciente de que a raíz de todo esto rasgos de mi personalidad se fueron modificando, mi actitud ante determinadas situaciones también es diferente a lo que hubiera sido un año atrás, mi entusiasmo frente a las personas, maneras, hechos, también es distinta, quizás más realista. Pero no sé si fueron cambios, creo que tienen más que ver con un poco de maduración por un lado, un poco de realidad en mí y no tanta ingenuidad.

Pero por algún motivo, insistimos en decir cosas como: “no, para seguir juntos los dos tenemos que cambiar” o “ no, no nos hablamos más porque él o ella cambió”, “no, no somos más amigos porque su actitud cambió”, “ya  no nos entendemos, las cosas cambiaron”, etc etc etc. Algo que supe desde chica es que constantemente estaríamos “cambiando” porque constantemente crecemos, y nos pasan cosas que nos van enseñando todo lo lindo y lo feo que puede haber en el camino. A algunos nos pasan muy temprano, a otros muy tarde, a otros justo a tiempo. Y siempre supe que habría gente a mi lado que podría entender y saber ver mi maduración, pero que no todos podrían seguirme, soportarlo, y seguir a mi lado una vez que el proceso hubiera terminado (al menos momentáneamente) y la más triste de todas las posibilidades es darme cuenta en medio de mi maduración que algunas personas ya no servían de nada en mi vida. Y a veces es lo que nos pasa, vamos perdiendo personas que van quedando en otras “etapas”, te vas desfasando, porque no te entendés más, aunque lo intentes. Otros intentan igual quedarse ahí porque no les molesta estar divergidos, saben que en algún momento entenderán o intentar acercarse a tus sentimientos e ir preparándose para sus propios y futuros momentos (creo que son las personas que solemos llamar observadores, de las más inteligentes que siempre me encuentro).


Pero qué difícil es crecer, madurar, cambiar. Lleva tiempo de ajustes, de adaptación. Creo personalmente que más para la persona que lo sufre, que para aquellos que creen sufrir alrededor de “un cambio” de alguien más. 

Pero sin duda alguna, lo que más todos sufrimos creo, es el momento de crisis. Crisis siempre tiene una connotación negativa, pero yo siempre digo y repito algo que dijo mi profesor de Sociología en el secundario: Crisis significa CAMBIO, y el cambio siempre es bueno. El problema es que cuando estamos en crisis a veces no sabemos para dónde correr, por dónde arrancar, qué solucionar primero, porque muchas veces ni siquiera entendemos qué está pasando y cualquier tipo de situación o cambio, vemos al menos al principio como algo malo. Lo bueno es que a veces, la desesperación es tan grande que dejamos de pensar, seguimos un impulso, una corazonada, y arrancamos con el pie derecho a solucionar nuestra crisis, sin darnos cuenta, a empezar  el cambio el crecimiento. 

Madurar nos hace viejos, pero también más sabios. Sólo nos quedará aprender a resguardar al menos un pedacito de pureza para no perder la esencia y sentir correr por nuestras venas lo más lindo que existe: la vida.

30 mayo, 2013

Palabras

Es increíble cuántas veces intento decir algo y que el resto del mundo me comprenda. Pero una y mil veces, me doy contra la pared al darme cuenta de que muchas veces lo que digo no importa! Si no que importa a quién, cómo, y con qué palabras me expreso. Aunque también creo que mi cerebro y mi boca procesan más ideas de las que en realidad puede por segundo, y termino diciendo tanto que nadie sigue el ritmo.

Instantáneamente las palabras,  se convierten para mi en algo necesario. Es esa necesidad de decir las palabras justas, correctas, y más adecuadas no sólo para el momento si no también para la persona…Muchas veces también para el lugar. Cuántas veces importó más el contenido de lo que escuchaban los demás salir de mí que lo que realmente quería decir!

A veces las palabras te llegan, al punto de dejarte pensando durante horas, días, o incluso semanas. Lo más increíble es que, le diste el sentido que le querías dar y no necesariamente el que significaba.

Creo que a través de las palabras me gustaría cambiar el mundo, lograr una diferencia. Ayudar a resolver esas preguntas que tantas veces aparecen. Pero casi nunca lo logro, a pesar de que me gustaría y lo intento. Por eso, de vez en cuando me gusta sentir, creer o fantasear con que mis palabras son mágicas, y pueden llevarme   a mi, y a tantas otras personas que encuentren en mis palabras lo que yo busco en ellas, a otro planeta. Y la pucha! Siempre llego a la misma conclusión: la importancia de UNA PALABRA, todas las palabras.


Dicen que una mirada dice más que mil palabras, no estoy de acuerdo, si las palabras son las justas, y son de esas que dan en la tecla y encienden tu motor.

31 diciembre, 2012

Lo que me deja este año

Este año fue muy movilizante para mí, lleno de cambios, y lleno de desafíos. Creo que lo que resume lo que fue mi 2012, es que fue un año de aprendizajes.

Estoy más convencida que nunca, de que estoy rodeada de gente hermosa, llena de magia y llena de luz! Estuvieron en todo momento, de principio a fin para bancar mis lágrimas, mi mirada perdida, mi tristeza, pero como siempre también estuvieron para hacerme reír y sonreír, y acercarme a la felicidad como solo ustedes, mis amigos pueden lograr. Se que quizás no pude ser mi mejor versión para ustedes, pero prometo devolverles toda la vida que me dieron.

Aprendí, a los golpes, lo importante que realmente es la familia. Algo a lo que nunca le di bolilla, y siempre dejé un poco de lado. Hoy por hoy veo que son lo que mas amo en el mundo, y lo mucho que me gusta verlos a todos juntos y contentos! Lo importante que son para mi y lo mucho que los necesito. Y por suerte, sigo convenciéndome, día a día, de que la mejor amiga que me dio la vida, es también mi hermana.

Aprendí que amar, significa a veces dejar a esas personas que amamos en libertad, darles espacio, para ser ellos mismos y verlos sonreír. Aprendí a ser menos egoísta.

Aprendí a mantener la calma, a veces, y encontrar esa paz interna aún en los momentos mas difíciles. Para que los demás se puedan apoyar en mi, más de lo que yo necesito apoyarme en ello, al menos en ese momento.

Aprendí a vivir la vida, a relajarme un poco más a veces, a no hacerme tanto problema por cosas insignificantes, a no callarme, a no quedarme con ganas de decir te quiero, te amo, de dar un beso o un abrazo. Porque uno siempre se arrepiente de lo que no hace, de lo que no dice, y se queda preguntando que hubiera pasado si? La vida esta llena de momentos, todos únicos y llenos de impulsos que nos recorren el cuerpo.. y hay que hacernos cargo! Hacer eso que sabemos que cuando lo hagamos nos va a convertir en las personas mas felices del mundo. Sin miedo, sin vergüenza! Creo que prefiero pedir perdón por hacer o decir algo de más, que quedarme con las ganas de vivir. La vida es esto que nos pasa todos los días  con la gente que nos acompaña día a día;  algunos se quedan, otros se van, a otros los echamos y otros solo están de paso... Pero la vida es finita, se nos va, y se nos lleva a las personas que más amamos cuando menos lo esperamos. Y no quiero perder a nadie más sin poder decirle lo importante que es para mi. Quiero vivir, y transmitir la energía y la vida que siento dentro de mi. Aprendí que la vida, no es mas que un hermoso desastre.


Brindo por seguir recorriendo camino junto a la gente hermosa que me rodea, la gente que amo y que me hace bien. Brindo por seguir encontrando gente que vale la pena. Brindo por seguir viviendo la vida con el corazón más que con la cabeza, con alegría, bondad, respetopasión, ganas, y por sobre todas las cosas con mucho amor.  Brindo por todo lo que me enseñaste este año viejo! Brindo por un mejor 2013! Feliz año! E infinitas gracias por dejarme ser.

09 enero, 2008

¿Existe el Amor?

Una de esas grandes preguntas existenciales que surgen. Esas que dependiendo del momento de nuestras vidas en el que nos encontremos la respuesta varía (o no).

Personalmente creo que el amor sí existe, y como todo lo que existe, se transforma y en algunos casos se deforma hasta desaparecer. Aunque no sea perfecto, existe. Aunque esa no sea su naturaleza (ser perfecto), existe como existen tantas otras cosas como por ejemplo las ideas, los sentimientos en general, existe como existimos todos: en tránsito, en mutación, en transmutación.

¡El amor existe! Y hay tantas formas de amor! Y en tan diferentes formas. O acaso… No te enamorás de un lugar? No te enamorás de objetos? No te enamorás de animales, de las personas que van apareciendo en tu camino, de momentos, de olores, de cosas que tocás, de cosas que mirás, de la música, de ruidos... De la vida misma en algunos casos? Nunca decís "amo esto, amo lo otro"? Enamorarse no implica pura y exclusivamente enamorarse de una persona, aunque claro está que de las personas... también te enamorás! Yo por ejemplo, vivo para enamorarme =)

El amor existe, no hay por qué tener miedo de sentirlo, porque es de lo más lindo que podremos encontrar en esta vida. De lo más renovador.

Lo que no creo que existan son los grandes amores, es decir esos idolatrados.. Imperfectos que parecen inalcanzables. El amor existe aceptando a la persona que tenés al lado con defectos y virtudes, cuando todavía querés dormir con él o ella a pesar de querer matarlo a veces. Sí, si cuando te saca de las casillas, pero a pesar de todo sabés que es ESA la persona que querés tener al lado. Porque en el fondo esa persona es la compañera que querés, porque lo de afuera no vale, pero lo que sí importa está adentro; conocés ese adentro, aceptás y respetás las diferencias, y disfrutás de las coincidencias; cuando una discusión no resta sino suma, cuando podés ser vos misma con esa persona porque te acepta tal cual sos; cuando la rutina no existe, pero amás la cotidianidad de cada día.

El amor existe pero hay muchas personas que prefieren decir que no existe para no jugarse a sentirlo en el real sentido de la palabra, sin todo el floreo de la histeria y de lo que en realidad no existe.

Sí, voy a ser insistente. Te guste o no, EL AMOR EXISTE... en todas las formas,en todos los colores, en todos los sentidos y en cada persona. De ahí a que te haga mal o bien, o de ahí a que te enamores por idealizar a alguien, no por lo que realmente es  y después dártela contra la pared; eso es hablar del amor, aquel amor que en algún momento existió, haya sido de lo que haya sido, de algo te enamoraste! Tal vez de una mentira, de una verdad, no importa. Es normal que uno haga un mundo de fantasías alrededor de "alguien especial". Estaría bueno aprender a lidiar con eso, es todo un desafío. Digo, dársela contra la pared cuando nos vamos conociendo y van saltando las diferencias, y queda en uno dar una oportunidad a la persona tal cual es, o no.


Lo que importa es, encontrar esas cosas que te llenan de felicidad efímera, que te hacen sonreír, que te alegran o entristecen tu día, pero que al fin y al cabo son esenciales para tu equilibrio mental. Esas cosas que te llenan el alma. Si te llena el alma, probablemente no necesites nada más. Sólo sentirlo.

17 diciembre, 2006

Querer

Cuando uno quiere, y no importa quién sea. No importa si es alguien que está a tu lado constantemente, alguien imaginario, alguien que sólo está a veces...
¿Pero no importa que también te quieran?

Personalmente pienso que sí importa...pero a pesar de eso, a veces nosotros seguimos queriendo y con todo el corazón a un amor no correspondido, a alguien que no nos merece o aprecia, a alguien que a veces nos trata mal, que nos hace sentir mal, y aún así insistimos y no nos rendimos al darnos cuenta de que todo está perdido.

Hay amores que no necesitan palabra alguna para entender el sentimiento. Hay amores que son correspondidos pero no permitidos, otros que engañan...Y un dicho que dice: ¿qué importa que te quieran si no te quieren como vos querés que te quieran??  Recapacitás y pensás por un minuto (o más) que es verdad... Y realmente para tu cabeza eso tiene muchísimo sentido, pero uno en sí mismo sigue teniendo una duda: ¿qué es peor? que no te quieran de ninguna manera o que te quieran pero no como vos querés que te quieran?

Yo, me respondo sería peor no querer. Sería peor no tener la habilidad de amar, de sentir o de soñar. Sería peor no tenerte a mi lado ni siquiera por un pequeño instante...


Así es como llego a la conclusión de que querer es lo que mejor uno puede hacer. Y aunque a veces yo no quiero como alguien quisiera que yo quisiera, por lo menos quiero, y aunque vos no me quieras como yo quisiera que me quieras, sé que me querés. Y es como mejor lo podés hacer. Sólo me queda por decirte, que te quiero. Pero no lo acepto, porque más me quiero a mí.