25 julio, 2013

Risas. Sonrisas. Amor y Perdón.

Tantas cosas debería haber hecho para no sentirme así hoy. Tantas cosas tendría que haber dicho para no sentir que me ahogo. A veces es inevitable el vómito de palabras, el desborde de sentimientos, la necesidad de hablar, de decir, de hacer. Pero otras veces es tan difícil. Me acuerdo que a veces cuando te iba a decir que te quiero, me daba esa sensación de nervios y vergüenza por decírtelo. Sentía lo frágil y vulnerable que quedaba ante vos, y así muchas veces evité decirte algo, mostrarte algo, darte algo. Pero que estupidez, qué te importaba a vos que yo quedara vulnerable. 



Me acuerdo de ese día que volvíamos a casa por Juan B. Justo... vos manejabas, andá a saber de qué hablábamos... nuestras charlas eran más lindas últimamente, y te lo dije, te dije que te quiero, te sonreíste, y no me miraste ni por un segundo, seguiste manejando. Y te dije con mi tono de nena caprichosa e indignada entre medio de unas sonrisas: - Te dije que te quiero, decime que me querés! Te reíste y me contestaste con un rotundo no, te volviste a sonreír inmediatamente después. Y te contesté riéndome:  te estoy rogando que me digas que me querés y no me lo vas a decir? Te volviste a reír sin mirarme, y esta no era una risa o sonrisa de esas falsas que ponías para las fotos (salías en todas igual), era genuina. Y creo que hace poco me di cuenta de que siempre me sonreías genuinamente a mi. Me volviste a decir que  no. Pero esa sonrisa que tenías era de felicidad, porque te dije lo que ya sabías, no? Que te quiero. Era de alegría y de complicidad, para molestarme porque no me ibas a decir te quiero nunca, pero los dos sabíamos. Me costaba, pero a veces lo intentaba. Creo que ahora sé que vos también lo intentabas, pero a tu manera.

Y ahora, me pregunto infinidad de cosas. Empezando por saber cómo te desahogás con alguien que ya no está? ¿Cómo le expresás todo lo que te quedó adentro? ¿Cómo le mostrás que lo extrañás, que lo necesitás? ¿Cómo sentís ese abrazo que ya no te pueden dar? ¿Cómo evitás el miedo, la tristeza y la melancolía de algún día olvidarte de su rostro, de su aroma, de su voz, de su sonrisa, su mirada? ¿Algún día tendré respuesta para todas las preguntas que me hago, cada día, desde antes de que te fueras? ¿Algún día nos encontraremos? Allá arriba, acá, donde sea... 


Lo más lindo que alguien me dijo 
sobre nosotros, es que nos habíamos perdonado. Sin pedirnos perdón, sin decirnos te perdoné. Esa mirada tan triste que tenías, en la que yo veía una profundidad que nunca antes vi... Será que supiste antes que nosotros todo lo que iba a pasar? No importa... Me regalaste algo tan lindo, cada vez que yo llegaba, tu mirada se iluminaba, TANTO. Creo que fue la primera vez que sentí o me di cuenta de que alguien me miraba con amor, y qué lindo tu amor viejo! Tan cálido, pero tan tarde... Tan tarde  me di cuenta de todo lo que nos queríamos. 

A veces, supongo, no hace falta decir tanto... Pero sí, pararnos en los pequeños detalles, que son de los más lindos. Perdón por nunca decirte que te amo. Perdón por no poder querer dejarte ir. Perdón por no parar antes.



16 julio, 2013

El verbo de hoy es afrontar

Algunas etapas en nuestras  vidas, a veces necesitan una especie de cierre, me gusta más la palabra en inglés “Closure”. Un cierre generalmente, para mí, es un hecho, acción, situación que necesita suceder o debemos afrontar para poder… justamente cerrarlo, según el diccionario podría significar también una conclusión.  Me gustaría poder decir que darle cierre a algo significa “dejarlo atrás”, pero me convenzo día a día de que no necesariamente quedará atrás. Tal vez logre quedar pasivamente a un costado, nos abra paso y nos suelte para ser un poco más libres que ayer.

Es difícil a veces saber cómo debemos enfrentar, darnos cuenta de la manera. No sé si tiene que ver un poco con la aceptación… ésta quizás se relaciona más con una especie de obstáculo que se nos presenta o dificultad, cosas que no nos dejan movernos, que a veces paralizan o asustan, nos ata de pies y manos. Y que en algún momento deberemos traer al frente y aceptar, por nuestro propio bien. Por nuestra sanidad mental, física y/o espiritual.

En cambio darle a algo un cierre se siente más como una necesidad moral, casi un llamado natural. Algo que nos hará bien, o no, y también ayudará a otros a moverse en la dirección correcta, o bien al menos les moverá un tacho de sentimientos. Afrontar y dar cierre, es sincerarse. Sincerarse con uno mismo, y decirle o mostrarle la verdad al mundo.
La verdad es tan importante, y tiene tanto poder. Quizás porque  yo creo haber estado rodeada de muchas mentiras, durante un largo tiempo es que la considero tan importante, aunque no siempre le soy leal a mis ideales. Tantas mentiras y cosas ocultas que aprendí a omitir, a no darle importancia. No decirlas y a ocultarlas yo también. Pero al fin y al cabo, la verdad es siempre lo más sano. Lo mejor que podemos darle a alguien más. Sobre todo si es bien intencionada. La verdad, puede ser tan dolorosa…. Pero es como ese golpe inevitable, que te puede doler y hacerte reír, o derrocarte y dejarte tirado un rato. Pero seguro te enseña algo, te deja algo… Afrontar puede significar cerrar una etapa, ser una despedida, convertirse en un final. Afrontar es un gran verbo. Seguro también significa un nuevo comienzo.

08 julio, 2013

Aceptación

Dicen que aceptar nuestros problemas es el primer paso para superarlos. Nunca noté lo cierto que esto podía ser.. Ni todo el trabajo que vendría detrás de la aceptación de los problemas o inconvenientes que tenemos. Pero cuidado, no siempre son problemas los que tenemos que aceptar para superar... a veces tenemos que aceptar cosas que nos pasan para poder avanzar, ver con más claridad, saber un poco para dónde correr, decidir tomar otras decisiones, otros caminos, encontrar soluciones en vez de problemas.

La primera vez que acepté un gran problema e intenté hacer algo al respecto... fue difícil. Fue un año entero de pensar, saber en mi interior que estaba mal lo que estaba pasando, pero no tener el suficiente valor para aceptarlo y hacer algo al respecto;fue... aterrador. Era difícil saber que el mundo lo veía, tener la sensación esa de que algo te abruma, te consume, pero no querer soltarlo por miedo. Un día, conocí una persona que me dijo, entre otras cosas, dos cosas muy importantes para mi: primero, habiéndome conocido ese mismo día me contó un "secreto" muy personal, y seguidamente me dijo: este es mi regalo para vos... regalarte algo tan mío que no le cuento a todo el mundo (de hecho la persona por la cual lo conocí lo conocía hacía meses, y no sabía aún lo que acababa de enterarme). Seguidamente me dijo que, fracasar no significaba nada, que si "fracasaba", qué me importaba? Podía aprender, levantarme y seguir, pero saber que lo intenté. Y que la gente que era infeliz, era la gente que nunca en su vida se animó a nada, que nunca se animó a hacer lo que realmente quería. Y que ESO era fracasar. Y como le dije hace muy poquito a un amigo, y como me dijo una amiga también a mi hace poco, qué lindo que es conocer gente que te deja ALGO, aunque esa persona sólo sea pasajera y luego desaparezca. Probablemente en mi vida vuelva a ver a la persona que me dijo estas palabras, pero nunca me voy a olvidar de lo que me dijo, de lo que me hizo ver, del poder que tuvieron sus palabras y el efecto que causó en mi. El poder que tuvieron esas palabras me hizo querer revertir la situación en la que me encontraba, me hizo tomar el valor suficiente para decir: basta, no es lo que quiero, no estoy siendo feliz, no tengo ganas de esto, no puedo soportarlo, quiero ir por más. Ese fue mi primer paso, terminar de aceptar, y animarme a saltar ese abismo entre aceptar y ser pasivo, y hacer algo al respecto. 

Si pensaba que aceptarlo era difícil, tomar el empujón para llegar más alto y de hecho saltar, era aún más difícil, pero por suerte me llevó menos tiempo del que creí (fue como un mes, que para una persona tan ansiosa y desesperada por hacer como yo, es bastante)... El resultado fue, la sensación de alivio más grande que sentí en mi vida. Sentir que perdía un peso de encima, sentir que de repente podía volver a respirar, que tenía otra oportunidad. A la vez, era triste, empezar a desprenderse de esas cosas que crees únicas, incomparables, irrepetibles... Y seguramente sean todas esas cosas. Pero dicen que cuando se cierra una puerta se abre otra, o se abren ventanas... Aparecen nuevos caminos. Y no, no voy a encontrar algo igual, tampoco sé si mejor. Pero encontraré otra experiencia única. Porque todo, todos, somos irrepetibles, incomparables.

Creo que aceptar tiene que ver con la posibilidad de querer avanzar. Siempre dependiendo de poder ver, sentir, y escuchar más allá de las palabras de alguien más. Porque creo que siempre tiene que ver con lo que alguien te puede decir, pero no sé necesariamente si es quién te lo dice o qué te dice.. si no que te lo dicen en el momento menos esperado, probablemente sea la persona menos esperada y tu mente está tan poco preparada para escucharlo de esa persona, que no tuvo tiempo de cerrarse y bloquearlo, por suerte! Quizás es una forma inconsciente en realidad,de dejarlo entrar.


Hace poco, acepté muchas cosas, muchas sombras que había en mi interior. Y una vez más, fueron las palabras de la persona más inesperada, que me hicieron ver lo equivocada que estaba y por qué lo estaba. Y empecé a aceptar, que quizás yo tenga la culpa, pero no toda. Este proceso de aceptación también fue largo, pero es el principio del fin, ya estoy actuando, y ya empiezo a sentir, esa liviandad en mi alma. Con esa melancolía de sentir que empiezo a soltar, lo que no quiero dejar ir.

Qué problema tenemos las personas con el apego, el arraigo, y la intensidad con la que siente nuestro corazón.

17 junio, 2013

Haz lo que yo digo, no lo que yo hago.

Por qué será que, cuando se trata de alguien más, siempre sabemos qué es lo que debería hacer, decir, cómo debería enfrentar determinadas situaciones, personas, qué actitud debería tomar ante la vida, cómo debería ser la relación con su pareja, con su ex, con sus hijos, hermanos o padres. Podemos llegar a tener las palabras más adecuadas, de ser necesitadas. Pero cuando se trata de nosotros mismos, aplicaría mejor el famoso dicho "haz lo que yo digo, no lo que yo hago".

Yo vivo hablando de decir siempre la verdad, vivo diciéndole al mundo que hay que expresarse, hacer lo que uno quiere porque la vida es una sola y hay que aprovecharla para ser feliz mientras dure. Vivo predicando el decirle a nuestros seres queridos cuanto los queremos, cuanto los amamos, necesitamos, extrañamos. Sin miedo a nada y sin vergüenza, porque al fin y al cabo que más lindo que expresar cariño?!

Aún así, de vez en cuando, me encuentro en determinadas situaciones en las que me doy cuenta de que todo lo que siempre odié de mi familia y del mundo en general, porque para mí es inentendible, y es lo que estoy siendo! Y como dice una canción de una banda que conocí hace poco: me sentía especial, no me veía como uno más, pero lo fui lo mismo.
 Es inentendible para mí no decir las cosas, no expresarse, no liberar todo lo que uno tiene dentro! Cuando tenés cosas adentro, cuando querés a alguien, cuando estás feliz o emocionado, o cuando estás triste... cómo meterlo adentro y no largarlo? Y qué bronca no largarlo!

Por qué me cuesta tanto decir todo lo que tengo para decir? Siempre creí que hablando, largando todo, llorando todo lo que hay que llorar y riendo todo lo que hay que reír el alma se liberaría. Pero no me sale ni media lágrima, quizás porque en el fondo siento que no puedo mostrarme, y mucho menos ser, débil.

Por qué me cuesta tanto abrir la boca para gritarle a mi vieja, a mi hermana, mi hermano y mis sobrinos: LOS AMO con el alma entera y cada pedacito de mi ser! Pero me sale abrazarlos, y gritarles por otras cosas, quizás sea que me da vergüenza mostrarme tan vulnerable.

Por qué casi ni puedo mirar a los ojos, abrazar, acercarme y decirle a ese pibe que me gusta, que me encanta! Quizás sea por mi miedo al rechazo, las heridas que quedan de un bajo autoestima.

Y así, podría seguir con varios ejemplos más (cerca de mil). Pero en cada caso, llego a la misma conclusión o a la misma pregunta: qué es lo peor que podría pasar? Siempre me respondo lo mismo: que lo peor NUNCA es tan grave. Y cuando me pregunto lo contrario: qué es lo mejor que podría pasar? Me encuentro con un mundo de posibilidades sensorialmente espectaculares. Imaginate:

La sensación de sacarte un peso de encima, de poder respirar y sentir que tu alma está un poco más afuera, menos presa, más libre. Escuchar un te quiero o un te amo de las personas que más te importan en el mundo, recibir un cálido, sincero, sentido reconfortante y contenedor abrazo, sacarle una sonrisa a alguien más o una lágrima de emoción. Que ese alguien especial te diga: a mí también me gustas, o mejor aún que te de uno de esos besos de película, que no se dan y mucho menos se sienten a menudo... Prácticamente mágicos, que frenan el mundo entero, los sonidos, la gente, el movimiento, el tiempo... Irónicamente durante segundos.

Por qué tanto miedo? Puta! Si se supone que siempre hay cosas buenas y cada vez mejores por llegar! Si se supone que si algo no se da, por algo no se dio y porque en el camino nos espera otra cosa, un poco más adelante y con más paciencia... Pero será que quizás, si no nos animamos y no damos esos saltitos, no llegamos a lo que está más adelante? Me agota vivir así. Me frustra. Me hace sentir que vivo una vida aburrida. Me doy bronca!! Quiero expresarme y vivir al 100%, sin miedo a nada, sin temor! Y sin rumbo fijo, por qué no? Lo peor que me puede pasar…, qué me importa! Lo peor será al fin y al cabo, siempre lo mejor.

Empezaré de lo más sencillo a lo más difícil, pero voy a sacar de adentro las ganas enormes, tremendas, escalofriantes, agudas, incontenibles y hasta agobiantes que tengo dentro de vivir! Y creo que le haríamos un favor enoooorme al mundo, si todos intentáramos al menos, lo mismo. Siempre y cuando si va a hacernos un poco más felices!


Les cuento pronto, ahora, me voy a vivir y a hacer lo que yo digo.

13 junio, 2013

Día del padre, lado B.

Siempre creí que los padres no podían estar, bajo ningún punto de vista, preparados para la pérdida de un hijo. Es biológicamente incorrecto, no debería suceder, no es lo lógico. Por ende, es casi inentendible si sucede y una de las pocas cosas que si pasan, no pasan. En cambio al revés, siempre supe que algún día iba a pasar.. Que algún día, y siempre pensaba ojalá que falte un montón, uno de mis viejos se iba a ir, y después el otro. Pero siempre también pensé que sería lo suficientemente grande, que estaría preparada para que sucediera, que iba a ser fuerte y valiente, que me iba a poder sostener de pie, que iba a ser “lo normal”;  obviamente me iba a doler, pero era la inevitable rueda de la vida, el destino, lo biológicamente correcto, coherente, lógico, normal. Pero como siempre, la vida te tiene sorpresas. No sólo no estaba preparada para vivir lo que viví durante los 8 meses que mi viejo estuvo enfermo. Si no que no puedo superar, a casi un año de su partida, el hecho de que ya no esté (y creo nunca superaré).

Lo peor de todo es que, viste cuando compartís mucho tiempo con una persona como un amigo, o un novio o novia,  y después te peleás.. Y cada tanto pasás por algún lugar y te acordás que ahí iban a comer, que por acá pasaban siempre, que en esa parada de subte se dieron un beso que hizo que el mundo dejara de girar y te ponés un poco meláncolico, recordás con un poco de tristeza y otro poco de alegría. Pero de última, sabés que podrías mandar un mensaje, llamar, hablar, o simplemente cruzarte con esa persona en algún lugar que se frecuente. Pero con mi viejo es mucho peor. Lo recuerdo cada vez que me subo al auto y pienso: “al final, tanto que hinché con el auto, ni siquiera lo vio” o “manejo bien, papá estaría re orgulloso”. Lo recuerdo cada vez que entro a casa y miro para la habitación, automáticamente y primeramente a su lugar vacío en la cama (acostumbrada a verlo en cama durante meses). Lo recuerdo cada vez que paso por Caballito porque ahí me esperaba para traerme a casa después del trabajo. Lo recuerdo cada vez que subo a la Gral Paz, porque me llevaba todas las mañanas cuando trabajaba en Belgrano para que no tenga que viajar apretada en el tren. Lo recuerdo cada vez que me siento a la mesa y alguien pide sal, acostumbrada a que mamá cocine sin sal por papá, y que papá siempre le terminara agregando más sal que todos. Lo recuerdo cada vez que pienso que debo la tesis, y lo mucho que le hubiera gustado verme recibida. Lo recuerdo cada vez que creo que alguien me gusta y que quizás puede llegar a ser la persona que quiero a mi lado, y ahí me pregunto si realmente esa persona me haría feliz como yo quiero y necesito que me haga feliz (es que mi viejo una vez le dijo a mi mamá que él quería verme feliz y entusiasmada por estar de novia con alguien, que así era el amor, porque él vio antes que nadie cuando  yo no estaba siendo feliz). Lo recuerdo cada vez que veo una mirada triste, porque fue la mirada que sostuvo el último tiempo. Lo recuerdo cada vez que veo una mirada llena de amor, porque es como él me miraba, y el recuerdo de su rostro iluminado al verme cada vez que llegaba a casa es el recuerdo que más feliz me hace desde hace tiempo. Lo recuerdo cada vez que digo que me quiero ir a vivir a Córdoba, que es mi lugar favorito en el mundo, y es el lugar donde mi viejo me llevó desde chiquita de vacaciones y donde el pasó tanto tiempo de su vida. Y así, mil situaciones, ejemplos, pensamientos más.

Creo que lo recuerdo a cada instante, lo pienso casi constantemente. Y es doloroso, porque ya no está. Y a diferencia de alguna persona que por elección propia ya no está en nuestras vidas, no puedo llamarlo, no puedo verlo, abrazarlo, decirle que lo quiero, que lo extraño, que lo necesito, no puedo pedirle perdón por las cosas que hice mal, ni contarle los logros de los que sé que estaría muy orgulloso.

No puedo sacarme el nudo de la garganta. No lo puedo largar, tampoco lo puedo tragar. Está ahí, siempre presente, a flor de piel. Con el llanto al roce del aire. Con la mirada perdida en cada momento desocupado. Con mil palabras sin decir. Quizás debería dejar de sentir culpa. Pero es difícil, casi tan difícil como pensar la vida que me queda sin él. Casi más difícil que avanzar. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, que todo pasa, que siempre todo es para mejor. Siempre lo creí, creo que aplica para la gran mayoría de las situaciones de la vida, REALMENTE LO CREO, pero no para la muerte de alguien tan importante en nuestras vidas como son nuestros viejos. ¿Cómo puede alguien creer que la pérdida de uno de tus padres,..., que esa herida algún día se cerrará? Es imposible. A lo sumo, me acostumbraré a que alguien me falte, y con ese alguien me falte de todo y me sienta incompleta y con un dejo de tristeza. No lo veo como algo malo, es parte de lo que digo siempre, de aprender, de crecer, de madurar, de la vida. Es la rueda de la vida. Pero me pregunto lo que pregunté una vez cuando era chiquita: ¿por qué no podemos vivir eternamente sin que nadie se nos vaya y vivir felices para siempre?

No todo se supera, no todo pasa. Tal vez es que simplemente nos acostumbramos a vivir sin determinadas personas a nuestro lado, nos quedamos generalmente con lo más lindo guardado en un precioso pedazo de nuestro corazón, y a seguir la vida. Sé que es lo que le gustaría, aunque  no nos decía las cosas, estoy completamente segura de que lo que más le hubiera gustado era vernos a todos juntos, y felices. 


Es difícil ser feliz sin vos, pero no puedo no intentarlo. Eso es lo que te regalo. Pero lo que no podés pedirme es que no te extrañe. 


07 junio, 2013

Cambiar

La palabra cambiar significa, según el diccionario, muchas cosas, pero en relación a las personas para mí sólo dos significados podrían aplicarse:

1      Modificación de una cosa para convertirla en algo distinto u opuesto.
2      Variación o alteración de un estado por otro

Creo que casi diariamente utilizamos la palabra o el verbo “Cambiar”, para referirnos a algún tipo de modificación que nosotros mismos estamos intentando hacer sobre algún aspecto personal, físico, de ideales etc que no nos gusta, no nos convence, nos hace mal, lle hace mal a alguien cercano etc o bien para referirnos a alguien más y generalmente de modo negativo.

Este último año fue un año lleno de cambios en mi vida, quizás demasiados, y que por ende y por lógica cambiaron cosas de mi persona. Pero es justo ahí, donde me detengo a pensar y me pregunto si realmente la palabra cambio aplica correctamente.

Que alguien se haya ido, que algunas personas hayan cambiado, haber cambiado mi aspecto exterior, haberme separado de mi pareja, haber viajado al interior para conseguir trabajo allí, haber incorporado nuevas y diferentes personas a mi vida, haber recuperado antiguas amistades, son sólo cosas que pasaron…  causalidades, el destino, cómo quieras llamarlo. Pero no sé si puedo llamarlos cambios. Sí, soy consciente de que a raíz de todo esto rasgos de mi personalidad se fueron modificando, mi actitud ante determinadas situaciones también es diferente a lo que hubiera sido un año atrás, mi entusiasmo frente a las personas, maneras, hechos, también es distinta, quizás más realista. Pero no sé si fueron cambios, creo que tienen más que ver con un poco de maduración por un lado, un poco de realidad en mí y no tanta ingenuidad.

Pero por algún motivo, insistimos en decir cosas como: “no, para seguir juntos los dos tenemos que cambiar” o “ no, no nos hablamos más porque él o ella cambió”, “no, no somos más amigos porque su actitud cambió”, “ya  no nos entendemos, las cosas cambiaron”, etc etc etc. Algo que supe desde chica es que constantemente estaríamos “cambiando” porque constantemente crecemos, y nos pasan cosas que nos van enseñando todo lo lindo y lo feo que puede haber en el camino. A algunos nos pasan muy temprano, a otros muy tarde, a otros justo a tiempo. Y siempre supe que habría gente a mi lado que podría entender y saber ver mi maduración, pero que no todos podrían seguirme, soportarlo, y seguir a mi lado una vez que el proceso hubiera terminado (al menos momentáneamente) y la más triste de todas las posibilidades es darme cuenta en medio de mi maduración que algunas personas ya no servían de nada en mi vida. Y a veces es lo que nos pasa, vamos perdiendo personas que van quedando en otras “etapas”, te vas desfasando, porque no te entendés más, aunque lo intentes. Otros intentan igual quedarse ahí porque no les molesta estar divergidos, saben que en algún momento entenderán o intentar acercarse a tus sentimientos e ir preparándose para sus propios y futuros momentos (creo que son las personas que solemos llamar observadores, de las más inteligentes que siempre me encuentro).


Pero qué difícil es crecer, madurar, cambiar. Lleva tiempo de ajustes, de adaptación. Creo personalmente que más para la persona que lo sufre, que para aquellos que creen sufrir alrededor de “un cambio” de alguien más. 

Pero sin duda alguna, lo que más todos sufrimos creo, es el momento de crisis. Crisis siempre tiene una connotación negativa, pero yo siempre digo y repito algo que dijo mi profesor de Sociología en el secundario: Crisis significa CAMBIO, y el cambio siempre es bueno. El problema es que cuando estamos en crisis a veces no sabemos para dónde correr, por dónde arrancar, qué solucionar primero, porque muchas veces ni siquiera entendemos qué está pasando y cualquier tipo de situación o cambio, vemos al menos al principio como algo malo. Lo bueno es que a veces, la desesperación es tan grande que dejamos de pensar, seguimos un impulso, una corazonada, y arrancamos con el pie derecho a solucionar nuestra crisis, sin darnos cuenta, a empezar  el cambio el crecimiento. 

Madurar nos hace viejos, pero también más sabios. Sólo nos quedará aprender a resguardar al menos un pedacito de pureza para no perder la esencia y sentir correr por nuestras venas lo más lindo que existe: la vida.

30 mayo, 2013

Palabras

Es increíble cuántas veces intento decir algo y que el resto del mundo me comprenda. Pero una y mil veces, me doy contra la pared al darme cuenta de que muchas veces lo que digo no importa! Si no que importa a quién, cómo, y con qué palabras me expreso. Aunque también creo que mi cerebro y mi boca procesan más ideas de las que en realidad puede por segundo, y termino diciendo tanto que nadie sigue el ritmo.

Instantáneamente las palabras,  se convierten para mi en algo necesario. Es esa necesidad de decir las palabras justas, correctas, y más adecuadas no sólo para el momento si no también para la persona…Muchas veces también para el lugar. Cuántas veces importó más el contenido de lo que escuchaban los demás salir de mí que lo que realmente quería decir!

A veces las palabras te llegan, al punto de dejarte pensando durante horas, días, o incluso semanas. Lo más increíble es que, le diste el sentido que le querías dar y no necesariamente el que significaba.

Creo que a través de las palabras me gustaría cambiar el mundo, lograr una diferencia. Ayudar a resolver esas preguntas que tantas veces aparecen. Pero casi nunca lo logro, a pesar de que me gustaría y lo intento. Por eso, de vez en cuando me gusta sentir, creer o fantasear con que mis palabras son mágicas, y pueden llevarme   a mi, y a tantas otras personas que encuentren en mis palabras lo que yo busco en ellas, a otro planeta. Y la pucha! Siempre llego a la misma conclusión: la importancia de UNA PALABRA, todas las palabras.


Dicen que una mirada dice más que mil palabras, no estoy de acuerdo, si las palabras son las justas, y son de esas que dan en la tecla y encienden tu motor.

29 mayo, 2013

Estoy confundida. ¿Primer Plano?

Es la primera vez que intento escribir una descripción de lo que intentaré en este blog. Si bien, lo inauguré oficialmente (nunca) en 2006, hoy intento revivirlo. 

Primero re leí lo que había subido hasta el momento y retoqué, luego subí cosas que escribí entre medio con las fechas reales de cuándo en verdad lo escribí, luego intenté tunearlo estéticamente aunque no estoy segura de si realmente quedó bien, pero a mi me gusta. Gracias a mi amiga Selva por el fondo, que diseño para mí, cuando encontré la frase "Yo tampoco sé cómo vivir, estoy improvisando" y le pedí que por favor me diseñara algo =). Y a partir de ahora, empezaré a subir textos "revividos" del pasado, y alguna nueva inspiración, tristeza, alegría o reflexión que quiera compartir. Quizás, tal vez, a veces me den ganas de subir cosas de alguien más, compartir un poco de arte, música, algo que me llamó la atención, tal vez sólo una imagen inspiradora o que simplemente quiero compartir, aunque estimo en su mayoría siempre serán textos. 

La idea es que sea un espacio para expandir mi mente (o la tuya si te sirve), largar todo lo de adentro, dejar mi corazón y mi alma al descubierto (aunque quizás me juegue en contra si este blog cayera en manos equivocadas -risa maléfica), quedar vulnerable ante la vida, abrir las venas y hablar con sinceridad (como dice un tema). Que es, en definitiva, como intento y como me gusta vivir la vida. Siempre de frente, siempre afrontando, siempre con la verdad aunque duela, aunque sea triste. Porque también muchas veces la verdad es una hermosura, y nos alegra la vida. Y porque a veces uno piensa que siente cosas que nadie más siente, que piensa cosas que nadie más piensa, o que le pasan cosas que a nadie más le pasan! Y la realidad es, que quizás nadie es lo suficientemente valiente para decir: estoy mal, te quiero, te amo, me muero por vos, soy feliz, soy infeliz, te extraño. Y quizás, con lo que cuente, con lo que intente decir, transmitir, logre que todos podamos sincerarnos con la vida, con la gente, con el mundo. Eso sí, siempre para intentar estar mejor nosotros mismos, y hacer un mundo mejor. Sí, eso es lo que quiero y para tenerlo arranco por mi principio: yo.



Las reglas de convivencia son simples: no te gusta, no leas. Te gusta, sé feliz!

28 mayo, 2013

Mil frases para él

Puedo encontrar mil canciones para nosotros dos 
Y más de mil frases de amor. 
Puedo encontrar palabras hasta donde no las hay más. 
Y sacar de un tarro las que había olvidado

A veces hasta hablo en silencio intentando ser una vez otra vez. 
Quizás es verdad que el corazón entiende lo que la razón no comprende 
Pero todo seria más fácil si comprendiera lo que el corazón entiende. 
No hay peor ciego que el que no quiere ver 
¿Pero acaso hay más cobarde que aquel que no habla por miedo a perder? 

Puedo encontrar mil canciones para nosotros dos 
Y más de mil frases de amor. 
Puedo encontrar palabras hasta donde no las hay más. 
Y sacar de un tarro las que había olvidado. 
Y más de mil frases de amor para este amor sin sobrenombre. 

Y si allá, por aquellos días intentaba ver que sucedía, 
hoy ya me pregunto ¿qué vamos a mirar? 
Si lo que pasa, pasa siempre. 
Y es como una estrella fugaz. 
Tan bella y tan simple, dejando un destello que encandila. 
Sólo una cada mil. Sólo un deseo entre tantos. 
Sólo un amor como el tuyo. 
Y todavía encuentro más de mil frases para él. 




Nota al lector: me encuentro reviviendo desde el más allá, escritos de años atrás =)

28 febrero, 2013

Dolor


Yo le dije: 

- Siento que me voy a morir del dolor que siento. Nunca me había dolido tanto algo.  No te imaginás el dolor.
No te puedo explicar. Ya no me gusta lo que escribo. No puedo dibujar. No tengo ganas de bailar.
¿Qué más me puede doler? ¿Qué más me queda para ver? Si ya todo pasa por otra vereda.


Él me contestó:


- Escribí.




Y acá estoy.