07 julio, 2014

Please don't go



¿Todavía no inventaron esas máquinas que hacen que podamos volver atrás en el tiempo?

Es que ando ganas de volver el tiempo atrás, un poco nada más, para guardarme algunos lindos recuerdos y grabármelos tan fuertemente con indeleble en el alma. Como para no olvidarme jamás de tu cara, de tus gestos, tu sonrisa, tu mirada (esa mirada que me llena el alma de una alegría tan melancólica que podría llenar un río con lágrimas), todo eso que a veces parece borroneárseme. Es que quiero poder acordarme de tu olor, que en tan poco tiempo se desvaneció. De tu voz, que todavía a veces me resuena en algún lugar de la casa. 

Me gustaría volver el tiempo atrás, a algún abrazo para sentirte cerca todos los días, para guardármelo y tenerlo a mano siempre que lo necesito, siempre que te extraño, siempre que lo quiera tener. El tiempo atrás para atraparte en alguna grabación diciéndome "Hi", y ponerlo cada vez que quiera que me llames. 

Es que a veces siento que lo que recuerdo no está tan bien grabado, que va desapareciendo. Es que ahora siento que el tiempo pasa, y te me vas... Y cuando te pedí que me esperes, te pedía que no me dejes.











27 mayo, 2014

Love is simple



Generalmente no entiendo a la gente, porque no entiendo la gracia de hacer las cosas que son tan simples... tan complicadas. ¿Cuándo vamos a entender que los complicados somos nosotros y no lo que nos pasa?

Generalmente la gente no me entiende, porque no entienden la gracia de ser simple, y de decir la verdad. No, no oculto nada. ¿Tan difícil tiene que ser mostrar lo que pasa? ¿Tanto nos tiene que costar todo? ¿Tanto miedo a hacer el ridículo tenemos que en vez de jugárnosla, preferimos no contar la verdad? No entiendo, y nunca lo voy a entender. No entra en mi cabeza que lo extraño sea encontrarse con gente transparente, nunca voy a entender por qué lo raro es sentir y compartir sin miedo y no al revés. Nunca va a entrar en mi cabeza que sea tan difícil algo tan simple. Para mí tampoco hay arma más seductora que contestar siempre la verdad.

06 mayo, 2014

Si hoy fuera mi último día de vida...

Alguien me dijo hace poco que tenía que usar la "técnica de Steve Jobs". Se acuerdan que una vez dijo: «Cada día me miro en el espejo y me pregunto: "Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?". Si la respuesta es "no" durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo»?

Y yo pensé, que seguramente si mañana en la mañana todos nos miráramos en el espejo, y pensáramos en una próxima vida, prometeríamos o quisiéramos hacer cosas como: 
amar más, reír más, o quizás intentaríamos convencernos de que la próxima vez tendremos menos miedo.

Y ahí re planteo todas las pautas con las que intento vivir mi vida. Y en cómo me gustaría y necesitaría que todo el mundo viviera... Muchas veces llegué a dudar, acerca de si me comporto de la manera correcta, si lo que creo está bien o no, pienso mucho en la posibilidad de equivocarme con respecto a lo que quiero y espero del mundo... Es como una duda existencial que empiezo a tener. Cuando me doy cuenta de que sí estoy bien en mi línea de pensamiento, llego a pensar que el mundo es un gran problema para los que hablamos siempre con la verdad, porque el problema de los que hablamos siempre con la verdad es que creemos que todos se comportan de la misma manera. Es el problema de los que actuamos de corazón, llamémoslo: desinteresadamente. De los que sentimos tanto por segundo. Pero no, no puedo llegar a otra conclusión jamás... Si bien me aflige o me genera un cierto vacío la sensación de sentir que voy contra la corriente, en definitiva realmente, sólo me arrepiento de las cosas que dejo sin hacer, jamás de las que hago. Porque siempre las hago con el corazón.

Pienso que tenemos que hacerle siempre caso al corazón, hay algo adentro que siempre nos da las respuestas correctas, y si no lo son.... es que algo teníamos que aprender. Siempre hagámosle caso a nuestro instinto: a la pasión, y nunca nos preguntemos si es realista o no.
Las personas no son hermosas o lindas por cómo se ven, por cómo caminan: las personas son excepcionalmente hermosas por la forma en la que aman, por la forma en la que les importa lo que sucede alrededor, son excepcionalmente deslumbrantes por todo lo que comparten, sin importarles el quedar vulnerables ante la vida, ante el universo. La respuesta a todo sería ser completamente auténtico, sin ningún tipo de miedo ni restricción.

Realmente, no hay nada de malo en amar y enamorarse de cada puta cosa que hay en la vida. La gente negativa genera sus propios muros, sus propias trabas. Entonces, nunca jamás deberíamos pedir disculpas por vivir con entusiasmo y pasión por cada cosa que nos atrae. Nunca, nunca, nunca. Si supiéramos realmente cuán corta es la vida, desperdiciaríamos un segundo? Un momento?

Y sí, ya me dijeron mil veces, diez millones de personas diferentes que soy muy sensible, y más de uno de los que me conocé me ha escuchado decir:
 - es que siento demasiado. Cada palabra, cada mirada, cada gesto, beso, abrazo, cada acción, cada energía... va directo a mi corazón. Y no, no me molesta vivir así. Tampoco me molesta empezar conversaciones que tengan algún significado... ¿Por qué no pregunto cosas más fáciles, más comunes, por qué siempre interrogo? Por qué siempre quiero meterme en lo más profundo de otros seres? Es que no quiero saber algo que probablemente sea mentira, armado, premeditado, una respuesta automática o que simplemente no signifique. Quiero encontrarme con los demás. ¿No es lo que queremos todos?



Y sí, probablemente muchas veces (si no todas...) quedo como una tonta. Pero, ¿por qué no? La vida es corta. Y tenemos demasiado miedo de decir las cosas que realmente, valen la pena decir. Y no, yo no quiero vivir así. No me gusta no ser transparente, no me gusta vivir en las mentiras, no me gusta vivir en la ignorancia, nada de eso me haría sentir algo real. A pesar de querer ese golpe de realidad, no quiero que el mundo me haga "más dura", quiero seguir siendo como soy. No quiero que el dolor, me haga odiar. No quiero que la amargura me robe ni un poco de la dulzura que hay en mi vida. Quiero que, a pesar de todas las cosas que me lastiman día a día, poder seguir hablando sólo de felicidad. Si hoy fuese mi último día de vida, al menos sabría que viví viviendo y morí sintiendo.

05 abril, 2014

Lo que se va

Ambigüedad. Extrañar. Escapar. Inspirar. Amar. Necesitar. Vaciar. Elegir. Esperanza. Respirar. Destino. Ansiedad. Aceptación. Dejar ir.

Son las palabras, sensaciones, acciones que más resuenan en mi cabeza (y en mi corazón) últimamente. Por diferentes razones, completamente independientes unas de las otras, y otras veces más encimadas que todas las palabras que salen de mi boca segundo tras segundo.

La sensación de ir extrañando las cosas que se fueron perdiendo, o que se van perdiendo. Es la sensación que más me abruma últimamente, lo que más sufro y lo que más me cuesta. Me genera esa ambigüedad de pensar, y saber que las cosas, y las personas en nuestras vidas se van. Que es lo lógico y lo normal, el curso natural de la vida y el ciclo de la misma. Que hay gente que está para quedarse, gente que viene sólo de paso a dejarnos o a enseñarnos algo. Y creo que es un tema recurrente en mí, hace ya un largo tiempo: La gente que viene y que va. Las cosas que vienen y se van. 

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiRaYBvTwa9x82urJM5Nb8Ern1zKH2Ufk9lmbfwjChoOYkECIt9A9-Z9booJWItFb0mmgX1uX5D_kdblVuzzJITixpsLPkxt3l4CQ-g1LFKYqIeiz-gqgkO735UwJP1zIvmX9rkZ08wXCf1/s1600/coincidence.jpgHace rato  alguien me enseñó que lo lindo o lo bueno no era cuánto tiempo alguien estaba en nuestra vida, que no podíamos retener a todo el mundo y que estaba bien que la gente se fuera. Que lo importante y lo lindo es pensar que dentro de 20 años le voy a contar a mis hijos sobre una persona que conocí, que me enseñó por ejemplo que la gente se va. O recordar que un día, cuando pensaba que nunca iba a volver a encontrar a alguien que me llene el alma, conocí una persona maravillosa, que estuvo brevemente en mi vida, que me hizo sentir desde lo mejor otra vez, hasta el sentimiento casi más triste de mi vida.  Pero hey! Eso es lo lindo, ser alguien recordado, alguien de quién no se van a olvidar, alguien que dejó algo, que enseñó, que inspiró. Alguien que generó. Y pucha, cómo coincido! Y sé que es tan cierto. Pero no puedo evitar querer retener todo lo que se quiere ir de mi.

Las cosas pasan por una razón. Si tiene que ser será, cuando sea el momento indicado. Lo sé, puta que lo sé! Pero los miedos de que en realidad no tenga que ser nunca, me aplacan el corazón, me quitan la respiración... Me llenan los ojos de lágrimas, el alma se me vacía y por un instante necesito respirar hondo. Una bocanada de aire fresco que me permita pensar, volver a mis cabales, ser consciente (ser coherente, y ser coherente a veces me cuesta tanto con cada sensación y sentimiento queriendo arrancarse constantemente de mi ser). Y lo más importante a veces, algo que también cuesta, ser menos exigente... (no significa conformarse tampoco) porque las cosas a veces no se exigen. Se dan porque se quiere así, y si no se quiere no nos corresponde. Pero que triste, ver que los demás quizás no quieren  (o no pueden), que las distancias se agrandan, que los tiempos se discontinúan... Que todo es una brecha cada vez más grande. Pero, hay que aceptarlo. Si exigiendo no está, sin exigir tampoco... Quizás, no nos corresponde y lo mejor es dar la vuelta y caminar en la otra dirección.

Los miedos de olvidar también están. De olvidar sensaciones, palabras, gestos. Sentimientos. Y pensar esto también me genera ese vacío en el pecho, que a la vez me genera esa falta de aire. Y pensar a la vez en lo lindo de los momentos que podrían estar por venir si existiera el reencuentro, ese del destino, que dice que las cosas sí tenían que suceder....  Me generan lo mismo. Lo gracioso de esos re encuentros, que tenían que suceder, es que todos se simplifican en una acción y un sentir: un abrazo y sensación de poder volver a respirar.


Perdón por expresarme de esta manera. Es que no sé si lo entendés, ni si importa (porque estás o no estás y ya no sé quién me escucha, ni quién me lee, ni quién me ve). A veces me expreso tanto que me termino sintiendo una idiota, pero a la vez no expresarme y no decirlo sería no ser yo. Y quedar como idiota, y ser una ilusa, son parte de mi ser. Lo prefiero siempre así, así lo digo.. aunque por dentro me mate la sensación esa de creer que porque siempre hablo con la verdad todo el mundo también lo hace, y que los silencios son la falta de cosas lindas que decir. Pero está bien, todo es como tiene que ser. Y si no tardas mucho, espero toda la vida.


"lo que nos cura se va, siempre se va, lo que nos cura se va 

siempre se va, lo que nos cura se va, 
se queda un rato, nos mima, nos miente y despues se va.."

31 marzo, 2014

Mucho más allá

¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.



De: Las aventuras perdidas





31 diciembre, 2013

Adiós 2013



Llegó de nuevo el último día del año. Y volvemos a arrancar. Cuando terminó mi 2012 creí haber aprendido mucho y sólo esperaba que el 2013 fuera mejor que el año que pasó. Al principio no fue lo que esperaba, un poco ambigüo es mi recuerdo del verano, creo que fue uno de los veranos más divertidos de mi vida pero también descubrí y me encontré con partes muy oscuras.. Pero que al fin y al cabo, como siempre digo, pasan por algo y me ayudaron hoy por hoy a destrabar, a descubrir y solucionar conflictos internos. Empecé a modificar muchas de esas cosas que me impedían ser feliz.

Sé que muchas personas cuestionan el modo de vida y mis formas, lo que hago lo que no y por qué, sé que muchos no comparten y lo noto en el tono de cada pregunta que me han hecho, cada comentario, cada mirada. Pero estoy tranquila. Creo que todo es mucho más simple de lo que todos creen. Creo que no hay muchas vueltas. Creo que uno tiene que hacer lo que quiere, cuando quiere, con quien quiere. Creo que hay que sonreír, con razón o porque sí. Creo que hay que abrazar cuando te invaden las ganas de abrazar. Besar. Decir te quiero. Creo que hay que bailar cada vez que se tiene oportunidad, bien o mal, u horriblemente. Hacer todas las preguntas que queramos. Quedar como tontos. Confundirnos y usar las palabras equivocadas. Creo que hay que hacer reír, hay que mostrar lo que somos, lo que queremos, hay que mostrar lo que nos importa. Creo que hay que acercarse a las personas que nos hacen bien, aunque sea por un rato. Alejarse de las personas que solo nos hacen mal. Aprender a mirar todo a la distancia, para ser objetivos (cuando tenemos ganas de ser objetivos). Creo que es mejor la simpleza, el no conflicto, la sorpresa de conocer lo desconocido, encontrar gente nueva a cada paso que damos... sin miedo a que nos lastimen, probablemente no lo hagan y sólo nos enseñen algo nuevo antes de irse otra vez. Creo que es mejor creer siempre lo mejor, esperar siempre lo mejor, vivir de la mejor manera posible. Perdonar. Amar. Vivir. Creo que es mejor vivir.

Creo que hasta hace algún tiempo atrás, no pensaba en tanto balance... No recuerdo haber podido apreciar siempre todo lo bueno de lo que pasó, pero este es otro año en el que agradezco todo lo vivido (lo bueno, lo malo, lo mas o menos) todo me enseñó, todo me dejó algo. Agradezco haberme cruzado a tanta gente linda en el camino, todo lo que me enseñaron, todo lo que me dejan, todo lo que me dan. Agradezco haber reído tanto, agradezco haber llorado tan poco. Agradezco cada abrazo hermoso que recibí, cada mirada reconfortante, agradezco cada beso. Agradezco cada te quiero que he recibido. Agradezco todo eso que para muchos pasa desapercibido, pero que hacen que mi vida sea para mi tan hermosa. 

Brindo por otro año que se va, por todo lo lindo que me dejó, y brindo porque al finalizar el año que viene mi balance pueda ser igual de lindo o aún mejor. Y brindo también, por alguien que hoy no está en cuerpo, pero siempre está en mi corazón.

Y que sea un feliz año nuevo!


14 diciembre, 2013

Somebody to love

Muchas personas me dijeron que había hecho un duelo, pero no todos los que se supone que tenía que hacer. Muchas personas intentaron indagar, ahondar, llegar a que mi respuesta sea "Sí, es verdad, nunca hice ese duelo", pero creo que fui tan convincente con los demás, y conmigo misma que hasta me lo terminé creyendo, que el mundo también lo creyó (o simplemente ya no les di ganas de insistir).

Al fin, creo que puedo dejar de mentirme con eso de que había terminado todo bien, de que fue una decisión racional, que en su momento hasta nos seguíamos amando, que no fue que se terminó el amor, que podíamos ser amigos. Que siempre iba a pensar bien de él, a quererlo, que siempre iba a formar parte de mi vida de una forma u otra. Que nuestra separación había sido no tan separación porque hasta en eso nos acompañamos, pero es que nunca nos terminamos de separar. Y para avanzar, hay que poder soltar y dejar ir.

Todavía me acuerdo la primera vez que él me dijo "Yo no soy para vos", la angustia que sentí. Es algo hasta inexplicable, porque nunca en mi vida había sentido TAL dolor. Literalmente sentí ese dolor infinito en el pecho, profundo, desgarrador, y el ruido de los pedacitos de mi corazón rompiéndose, separándose el uno del otro. Me largué a llorar, me metí al baño. No quise escucharlo, no quise entender, saber, no quise aceptarlo. Quería creer que el amor lo podía todo, que no importaban las diferencias, que no importaba que yo siempre quisiera más y que el nunca pudiera darme más. Que no importaba sentirme siempre en segundo lugar. Que no importaba que pensáramos tan diferente en tantas cosas. Que no importaba, porque nos amábamos. Y así seguimos. Creo que esa convicción de que no importa, esa ilusión (que a su vez me convirtió en una ilusa) tiene que ver con la juventud. Es increíble, pero la intensidad con la que uno siente a veces, hace que nada importe. Te da esa fuerza que sacás quién sabe de dónde. Te hace creer que sos invencible.

Y realmente las cosas no fueron malas. Fueron lo más cercano a la felicidad que tuve. Y siempre se lo dije, siempre me sacó las sonrisas más sinceras, las risas más reales y más profundas que, hasta ese entonces sólo provocaban en mí dos personas: él y mi hermana. Sólo que el tiempo lo fue arruinando todo. Solo que en algún momento fue más fácil decir no puedo, y en algún momento nos acostumbramos a que las cosas sean como eran. Yo no sé si a él le pasó lo mismo. Nunca sabré su versión de la historia... Porque es de esas personas que se creen que con lo que dicen nos están explicando todo, pero en realidad él te dice: la luna, cuando quiere decir: la luna me hace pensar en vos. Y no hay forma de entendernos así. Quizás el también sintió que yo estaba en falta, quizás a él le faltó de todo.. Pero nunca me lo dijo. Yo fui sintiendo cómo se alejaba, con el paso del tiempo. Como iba quedando más en segundo plano, aunque según él no fuera así. Sé que quizás es mi necesidad y mi exigencia, y es justamente algo MIO. Pero no sé si tenga que corregirlo porque es quién soy. Simplemente quizás nuestras personalidades no coincidían y no iban a poder superar las adversidades. Pero creo que en algún punto simplemente me cansé.

Siempre sentí que podía dejarlo todo por él, la vida misma. Y que podía dar más de lo que tenía. Y así creo que lo hice. Siempre entendí quién era (es que eso fue lo que siempre me encantó de él: que fuera la persona más libre que conozco). Nunca quise cortar sus alas, pero tal vez hubiera necesitado que las compartiera.

Creo que un año antes empecé a pensar que quizás ya no estaba enamorada, que quizás ya no quería estar con él. Que ya me costaba ser feliz. Que cada vez sentía menos. Que cada vez le interesaba menos... a medida que sus otros intereses crecían. Y un día se lo dije, se lo pregunté: - vos sos consciente de que te quiero dejar? Y el me dijo que sí. ¿Tan obvio era? Y tan poco quería hacer por los dos? Quizás ante su respuesta y sus reacciones, ese debería haber sido el punto final. Pero no, seguimos intentando mejorar, cambiar, seguir creciendo, seguir amándonos. Algunas cosas mejoraron. Pero el cansancio que había acumulado ya no se iba. Estaba cansada de esperar algo tan simple como por ejemplo una flor cortada de un jardín (flor que me regaló  meses después de cortar para darme las gracias... Por qué no me dijiste gracias alguna vez antes en 4 años?). 

La segunda vez que sentí cómo se me rompía el corazón, fue menos intenso, pero más triste. En realidad no se me rompía porque no quería creer lo que me decía y porque quería seguir sin importarme nada. Esta vez fue triste, porque sentí cómo se me iba yendo un poco del amor que sentía por él. También, de una tontería. Pero cómo me dolió! Al menos yo intentaba!

La tercera vez, fue todavía más triste.. me enojó. Me desilusionó. Me partió el alma. Terminé de convencerme de que no le importaba y de que realmente, no quería intentarlo. Y me acuerdo que cuando volvió le dije: - que yo sonría... No quiere decir que me haya olvidado de que las cosas no están bien entre nosotros y si realmente querés que las cosas mejoren empezá a hacer algo.

Al tiempito pasó el gran acontecimiento de  mi vida, que definitivamente marcó un antes y un después: la enfermedad de mi viejo. Ya no tenía energías para ocuparme de algo de lo que había intentado ocuparme tiempo atrás. No tenía ganas. No me importaba. No cabía en mi cabeza. Tampoco ya me hacía feliz. No quería intentar componer algo que no tenía forma de recomponer. Había agotado. Le di tanto, que ya no tenía nada más para dar, y qué triste es sentirse tan vacío. Y un día entonces decidí ir en busca de MI felicidad, fui egoísta por primera vez en la relación, realmente egoísta (porque tantas veces patalee pero él siempre hizo lo que quiso, porque sí, él era libre!). Y cuando volví de mi pequeña aventura... no sentí que se me rompiera el corazón.. Ya estaba roto. Sabía cómo iba a recibirme. Sabía qué iba a decirme. Qué iba a hacer. Qué iba a pensar. Nada me sorprendió. Y cuando volví con el corazón roto y sin intenciones de ponerle curitas, las cosas no hicieron más que empeorar. Hasta que un día le pregunté, lo que debería haber preguntado tiempo atrás, creo que lo pregunté en voz alta por inercia, pero fue exteriorizar lo que anteriormente nunca quise soltar: ¿Podemos seguir así? NO. La respuesta era NO. (y es lo que me pregunto siempre ahora cuando algo no me está cerrando, es increíble la cantidad de cosas que soluciono preguntándome esto)

Esa noche me fui, antes de que volviera. Le dejé una notita en un cuaderno, que ya no recuerdo ni qué decía, pero seguro decía algo lindo. Porque a pesar de todo, él fue mi primer y gran amor. Y fue tan lindo en tantas cosas, que sólo a la distancia puedo realmente ver todo lo mal que me hacía a la vez. Pero es así, creo. El amor saca lo mejor y lo peor de uno.

Lamentablemente, en algún punto creo que nos separamos, pero no "terminamos la relación". Y otra vez nos equivocamos. Creía que estaba bien que pudiéramos contenernos mutuamente y acompañarnos en el camino de extrañarnos, acostumbrarnos a desacostumbrarnos, a no saber si nos amábamos, si era lo correcto. Y muchos me lo dijeron, es imposible. Ahora me di cuenta de que mi condición de ilusa era aún más grande o más grave de lo que creía. Me enojé cuando me lo dijeron, otra vez no lo quise creer, aceptar, ver... Quería darme la cabeza contra la pared. Y así fue.

Lo peor de todo es que después de habernos "separado", siguió rompiendo lo que quedaba sano de mi corazón. Con tantas cosas que me dijo. Con tantas cosas que me hirieron aún más, y arruinaron no sólo mi corazón (o lo que quedaba de él), sino a él mismo.


Darse cuenta de que la persona de la que estábamos enamorados, no está, no existe. Que tiene otras actitudes, otras formas que antes quizás no veíamos. Te termina de dejar sensación de desolación. Y seguramente él también se desilusionó de mi. Quizás él tampoco puede entenderme ahora. Probablemente no comparte lo que hago, lo que digo, cómo pienso (menos que antes). Y si en él generaba esta diferencia lo divertido para relacionarnos, en mí hoy genera más distanciamiento. No entiendo a veces qué quiere o qué espera de mi, de nosotros. Y ya no quiero entenderlo, no quiero sufrirlo. No quiero temblar de nervios. No quiero llorar de angustia, de desilusión. Ya di todo, desde mi corazón entero hasta las lágrimas, hasta mi corazón en pedacitos. Esto no quiere decir que ya no lo quiera en absoluto, ni tampoco que vaya a olvidarlo, creo que nunca voy a poder no quererlo y menos olvidarlo. Pero quizás, era hora de entenderlo. Quizás ya era hora de despedirnos.

26 noviembre, 2013

Cerrando Círculos - Paulo Coelho

"Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate."


Cerrando Círculos - Paulo Coelho

13 noviembre, 2013

Tan simple como eso

La cotidianidad con la que vivimos, hace que le restemos importancia a cosas que ya nos son tan comunes, tan básicas, tan de todos los días, o todos los años. Hace  que no le prestemos atención a pequeños detalles, a pequeñas personas, frases, palabras. Sólo el día en que esa persona, palabra, frase, cartel, casa, deja de estar dentro de nuestra cotidianidad es que nos damos cuenta de que... nos hace falta, no estamos completos sin ella.

A veces pienso si es que extraño sólo las palabras, o será su voz, o el tono inconfundible en que me lo decía, la mirada que acompañaba, el beso o su sonido. Y no logro identificar qué parte de todo es, o si en realidad en este caso es un todo. Probablemente así sea. Y qué insignificante, poco memorable, normal me parecía cada vez que llegaba ese día y al despertarnos y encontrarnos (generalmente en la cocina) él me decía esas palabras. Y ahora que no las dice más, me parece tan importante. Lo necesito tanto. Lo extraño tanto. Me desgarra el corazón.Y lo único que puedo pensar es en que, ya nunca lo tendré. Y lo peor, es que sé que me queda la vida entera e incontables días en que pensaré exactamente lo mismo.

Algunas cosas, se recuerdan con tristeza. Pero, lo lindo es, cuando recordamos algunas de otras cosas con alegría. Una alegría extraña, llena de melancolía. Como ayer, que mientras mi hermana limpiaba la mesa para apoyar su compu, yo traía la mía y le corría las cosas a "su lado" de la mesa. Hasta que me mira y me dice, sos una viva bárbara, yo corro todo para poner la compu y vos me ponés más cosas acá arriba. No pude evitar tentarme de la risa y decir: como hacía papá, y relatarles esto que hacía mi viejo: terminaba de comer, juntaba sus miguitas y las empujaba hacia algún otro lugar de la mesa (el de alguien más). Aunque el otro estuviera comiendo... o también intentando limpiar SU lado de la mesa. Esos momentos son momentos encontrados, donde me río de algo que era cotidiano, lo hacía SIEMPRE, y cada tanto lo retábamos, pero era normal, e insignificante. Creo que es un detalle que no había recordado desde que se fue. Pero ayer lo recordé, recuperé un pedacito de cotidianidad y lo volví risa. Eso es lo lindo de recordar, y creo que es lo lindo que todos deberíamos intentar. Recordar con alegría.

Lo malo de aquellos que se van para no volver, es que ya nunca los volveremos a tener, eso es lo triste, la necesidad de tenerlos, quererlos, abrazarlos, mirarlos y no poder. Pero al menos nos deja con lo que ya tenemos, para recuperarlo, para revivirlo, para reírlo, para disfrutarlo... sin posibilidad de arruinarlo porque ya pasó, ya está, es como es, no hay forma de cambiarlo. Lo malo de aquellos que se van, pero cuando quieren vuelven... es que tienen chance de arruinarlo todo. Y creo entonces que prefiero que los que se van y pueden volver, no vuelvan. Y creo entonces que prefiero que los que se van y no pueden volver, queden siempre guardados en mí, con su mejor sonrisa, con su mejor abrazo, su mejor mirada, su mejor frase, sus mañas, y el mejor recuerdo. 


Qué bueno sería, darnos cuenta de que lo que más felices puede hacernos, son esas cotidianidades, es tan simple y tan fácil! ¿Podemos empezar a rescatarlas hoy? ¿Podemos empezar a valorarlas hoy? ¿Podemos convertirlas en sonrisas desde hoy ¿Podés llegar a tu casa y abrazar a la persona que te recibe todos los días? ¿Podés guardar cada hola, cada feliz cumple, cada beso, cada abrazo, cada sonrisa, que te dedica cada persona que te quiere? Son cosas invalorables, son tesoros, son alegrías, son cosas únicas. 




Es felicidad. Tan simple como eso.

02 septiembre, 2013

La buena noticia fuiste vos

"La buena noticia sos vos, sos vos", pensaba. Se mezclaba esa frase, una imagen, y el hermoso recuerdo de unos labios esperados, que llegaron inesperadamente. Después, creí decir en voz alta y al mismo tiempo que la siguiente canción "Y que toda el alma se disuelva en el amor ". De repente me di cuenta, estaba acostada... entre medio de estar soñando un imposible, que era hoy un nuevo recuerdo, que me inundaba de emociones el corazón y me desbordaba el alma de sentimientos, y la realidad. Así de intenso, así de fuerte, como a mi me gusta. Así de incontenible, incontrolable, así de inaguantable, así de rebasador. Así como siempre describo lo que quiero y necesito que me pase por dentro. Así como quiero que se me mueva la vida, así de único, así de incomparable, que ponga la vara allá arriba, casi inalcanzable. Aunque sea por un instante, un segundo, un día... Pero que sea el momento más feliz hasta el siguiente momento más feliz.

No me importa que crean que el amor no existe. No, no me importa que me lastimen, que me engañen, que me demuestren que las cosas no son como yo creo que son. No, no voy a dejar de amar cada cosa, cada persona, cada instante de mi vida. No, no voy a dejar de tener esperanzas. No, no voy a dejar de querer sentir cada fibra de mi ser con la intensidad del último segundo, ni cada sentimiento, ni cada beso, sonrisa, persona o caricia. NO, NO EXAGERO.

Sí, me pasa que yo tengo esa forma ilusa de ver algunas cosas. 


A mi me gusta la intensidad, el amor loco, ese en el que te morís por el otro, que te ves y te tenés que abrazar,  no hacerlo no es una opción porque las ganas te brotan de adentro, que las ganas de ver al otro te matan, te genera ansiedad, y la espera es eterna. Esa sensación de felicidad extrema cuando te dan un beso, te abrazan, te acarician. Hablarnos y ver ese brillo en la mirada del otro, que no solemos tener todos los días, sentir el alma de la otra persona en cada abrazo. Sonreírnos incontrolablemente.